Ex Sporting: Destapan los negocios paralelos de García Amado y un posible conflicto de intereses en el Granada

Dani Souto

SPORTING 1905

García Amado
García Amado TPA

Investigación abierta

31 ago 2025 . Actualizado a las 14:58 h.

No ha comenzado con buen pie la temporada del Granada sumando dos derrotas en sus primeros encuentros de liga. Ubicado en puestos de descenso, las dudas en torno a la gestión deportiva y general del club no terminan de crecer, estando en el centro de las críticas la figura de Alfredo García Amado, actual director general del conjunto nazarí y con un remarcado pasado en el Real Sporting de Gijón. Una crisis deportiva a la que se suma también otra institucional.

Una reciente investigación de Onda Cero señala al directivo de posibles conflictos de intereses que surgen de la compatibilidad entre su cargo ejecutivo en el club andaluz y su vinculación con la agencia de representación Mesas Sport, también con vinculación sportinguista con el ex jugador del Sporting Pepe Mesas entre los propietarios. Una doble condición que entraría en colisión con los códigos éticos y de transparencia que rigen el fútbol profesional y que LaLiga persigue y vigila de cerca, si bien en este caso no existe a día de hoy ningún tipo de sanción o investigación abierta públicamente por estas prácticas.

Según la versión publicada, García Amado, que lleva tres años al frente de la gestión del Granada, figura como administrador único de García Amado Consulting SL, una sociedad que mantiene relaciones mercantiles con la citada empresa de representación Mesas Sport, así como Machiejo 1968 SL, ambas vinculadas a Pepe Mesas. Empresas con las que cruza facturas por diferentes servicios, tanto de colaboración en las gestiones del traspaso de futbolistas, como el caso de Jesús Jiménez al OFI Creta, o de servicios de scouting en territorio español.

De hecho, García Amado continúa figurando en el registro mercantil como administrador solidario de Mesas Sport, si bien el ejecutivo aclaró que había renunciado a dicha condición, manteniendo una participación minoritaria en la sociedad. Siendo una realidad su pasado y vinculación con la agencia, Amado negó vehementemente cualquier conflicto de interés actual ligado a su cargo a raíz de la publicación de esta información, entendiendo que estos negocios son ajenos a la gestión del Granada y que «forman parte de actividades comerciales legales y transparentes que no interfieren con mi labor en el club», justificando así las facturas emitidas y trasladando «transparecia total» con el club sobre sus relaciones societarias y comerciales.

Uno de los ejemplos más claros señalados por la prensa local es el fichaje de Miguel Rubio, jugador representado por Mesas Sport y que acabó incorporándose al Granada, ahora en el Espanyol. En este caso, el directivo sostiene que «se apartó» de cualquier decisión relacionada con el futbolista para evitar un posible cruce de intereses. Con todo, el asunto ilustra con claridad las dudas que se abren cuando la misma persona dirige un club y, al mismo tiempo, está vinculada a una agencia de representación.

Una situación que podría contravenir la Ley del Deporte, los códigos éticos de LaLiga, la RFEF y la propia FIFA, donde se insiste en que ningún dirigente debe aprovechar su posición para obtener ventajas patrimoniales o favorecer a terceros. En ese sentido, ser directivo aporta una posición de ventaja competitiva en cualquier negocio relacionado al tener más información que el resto de su competencia y capacidad de generar contactos más fácilmente, lo que subraya la delicadeza de la posición de García Amado.

El nombre de Alfredo García Amado no resulta ajeno a Gijón ni al sportinguismo. El dirigente estuvo vinculado al Sporting durante casi dos décadas, primero como gerente y después como director general hasta 2015. Su gestión coincidió con años convulsos, marcados por graves dificultades financieras, un concurso de acreedores y tensiones con la afición, pese a sumar dos ascensos a Primera que supusieron un gran respiro deportivo y económico, también vivió dos descensos. Tras su salida del club rojiblanco, Amado se volcó en el ámbito de la representación deportiva con Mesas Sport y, más tarde, asumió cargos de responsabilidad en el Córdoba antes de recalar en Granada.

Esta investigación deja, en definitiva, un interrogante abierto sobre los límites entre la gestión ejecutiva de un club y las actividades privadas de sus dirigentes. Aunque García Amado insiste en que no hay nada irregular en su actuación, lo difuso de su participación activa en una y otra empresa pone de manifiesto la necesidad de prevenir conflictos de intereses en un sector con alta competencia y, en muchos casos, con una estrecha vinculación entre el mundo de la representación y de la dirección deportiva.