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24 may 2026 . Actualizado a las 18:26 h.Mareo volvió a ser el escenario de una película de terror que el Sporting Atlético ya se sabe de memoria. El filial del Real Sporting de Gijón demostró una temporada más que es incapaz de salir del pozo de la Tercera RFEF. Esta vez fue el Caudal de Mieres el que hurgó en la herida, remontando en la prórroga un partido que los de Samuel Baños tenían en la mano.
El respeto mutuo y el pánico a cometer un error marcaron el ritmo de un tiempo reglamentario plano y aburrido. El filial dominaba el balón, pero de forma estéril, chocando una y otra vez contra el muro defensivo de un Caudal comodísimo en su papel. De hecho, la única ocasión real de peligro en todo el partido reglamentario llegó a los siete minutos: un testarazo de Adrián Sancho a la salida de un córner botado por Joshua que Álex González desvió con una gran estirada. Más allá de algún chispazo aislado de Oyón, el partido se consumió lentamente hacia una prórroga inevitable tras el 0-0.
El tiempo extra comenzó con tintes surrealistas cuando los aspersores de Mareo saltaron de forma inesperada, retrasando el reinicio del juego. Y entonces emergió la figura de Loki. El francés firmó una recuperación providencial en campo contrario y se inventó una asistencia magnífica a la espalda de la zaga mierense. Chris Ferreres, libre de marca, batió por bajo al portero caudalista. Era el 1-0.
Al Caudal le hacían falta dos goles en apenas quince minutos. Parecía hecho, pero la madurez del equipo volvió a quedar en entredicho en los momentos clave. El Caudal no se rindió y el Sporting Atlético se encogió. El primer aviso llegó con un gol anulado a los visitantes por fuera de juego tras un saque de esquina, pero el filial no aprendió la lección. En el último suspiro de la primera parte de la prórroga, un mal despeje de puños de Mario Ordóñez tras otro córner propició una volea de Diego Montequín que se coló entre un bosque de piernas. Era el 1-1 y el extremo visitante no dudó en encararse con la grada local para calentar aún más el ambiente.
En los últimos 15 minutos, la pizarra de Adrián González le ganó la partida por completo a la contención rojiblanca. El Caudal se volcó a la desesperada y el premio gordo llegó en el minuto 119. En un saque de banda colgado directamente al área, la zaga local volvió a mostrar una pasividad alarmante; Albuquerque tocó el balón y Jairo Cárcaba, el eterno ex, la empujó en el área pequeña para firmar el 1-2 definitivo y el enésimo drama en la escuela de fútbol gijonesa.