«Los futbolistas del Sporting están perdidos, Larcamón debe cambiar su plan. Así fueron las 4 claves de la derrota en Oviedo y de su suspenso»
SPORTING 1905
Texto de análisis
29 sep 2026 . Actualizado a las 23:19 h.Una derrota en un derbi asturiano siempre marca; estados de ánimo, tendencias, mentalidad... El vencedor se envalentona. El vencido duda. El efecto real de este Real Oviedo 2-0 Real Sporting de Gijón lo veremos en uno y otro equipo en semanas venideras, pero su lectura permite sacar varias conclusiones en claro en clave rojiblanca. La más evidente, que el equipo aún no tiene nada asumida la idea de su técnico, Nicolás Larcamón. Más allá del análisis del resultado, que resulta muy sencillo de explicar; error de Pablo Vázquez en el 1-0 y una expulsión de César Gelabert que mató al equipo cuando mejor estaba, en este artículo ahondaremos en el desarrollo del juego para arrojar luz sobre qué se pretendía y por qué no salió, al margen de cuestiones individuales.
El cambio de perfiles y la intención de Larcamón
El Sporting saltó al Carlos Tartiere con una única novedad en su alineación respecto a la pasada jornada en Andorra. Antonio Casas se estrenaba como titular con la salida de Pablo García del once, lo que devolvía a Nikita Iosifov al carril izquierdo y abría el interrogante de cómo se distribuirían los espacios entre los 3 futbolistas más avanzados de los rojiblancos. La idea la explicó el técnico en la rueda de prensa posterior al choque, pero quedó reflejada desde muy pronto (imagen 1): buscar la amplitud con Nikita o Gelabert -dependiendo del costado- para fijar al lateral rival y alejarlo de zona, movimiento de apoyo de un punta -más frecuente en Casas- para sacar de sitio al central y que el otro atacara su espalda. Cuenca y Duñabeitia como lanzadores al espacio atacando ese carril exterior. Una jugada bien planteada en la teoría, que apenas encontró un par de casos de éxito en la práctica. Ya fuera por un mal envío, que requiere de alta precisión para superar líneas y a su vez no excederse de largo, por una buena lectura de la zaga del Oviedo, con el central interpretando que ese va a ser el pase, soltando al delantero que va en apoyo -pues no se le buscaba- y replegando un par de pasos a media carrera para llegar a la cobertura, o bien por la dificultad de la recepción en muchos casos, encimados y de espaldas a portería, la reiteración del equipo en este tipo de jugada no fue para nada beneficiosa.
Todo esto partía de una salida de balón desde atrás que se edificó con diferentes estructuras, especialmente en saque de puerta. Corredera inició por dentro, incrustado muchas veces entre centrales -donde no aportaba ventaja alguna, de hecho, restaba cualquier opción de ventaja por delante-, para pronto abandonar esa zona y partir de una posición más adelantada, desplazando los centrales una posición más hacia la derecha, aunque con excesiva tendencia a hundirse y acercarse a ellos. Pablo Vázquez pasó a ocupar su perfil, Duñabeitia dio amplitud por diestra y Rosas se ubicó por delante y por dentro (!) como alternativa para intentar progresar. Una disposición que no hizo más que taponar la salida rojiblanca, sin pase de avance por fuera -solo la opción antes citada en largo- y permitiendo a la presión azul estar más junta. No tardó en deshacer esa idea.
La clave en la salida de balón estaba realmente por fuera. El Oviedo, también alimentado por la temprana ventaja en el marcador, era agresivo en la presión, pero no se excedía en altura; el bloque estaba cercano, sin excesivos espacios entre líneas, pero ofreciendo habitualmente, y más en bloque medio, una opción clara para progresar a través del carrilero. Con Rosas en amplitud -a mayor altura de la que estuvo- o con Nikita -este sí mejor colocado-, un pase fácil del central de ese lado al carrilero permitía un avance sencillo para superar la primera línea de presión y a partir de ahí construir en campo rival. El equipo no interpretó bien esta situación y apenas la buscó. Una falta de coherencia que se mostraba opuesta en el rival; un Oviedo que a cada pase acompasaba un par de movimientos complementarios sin balón, así siempre había soluciones, lógicas y sencillas. Sin hacer un partido brillante, hicieron muy bien lo básico. De ahí esa sensación de superioridad con balón frente a los rojiblancos, descoordinados y desacompasados.
Desajustes en la presión y excesiva responsabilidad de los centrocampistas
Sin embargo, el desaguisado fue mayor sin balón. Los saltos en la presión resultaron llamativos, en ocasiones, como la del primer gol, nada más comenzar el partido, sin un sentido lógico para saltar al portero, obligar a acompañar al resto y una generación de espacios a la espalda evidente con una separación entre líneas que resultaba mortal (imagen 2). Todo ello derivado de un doble pivote que estaba llamado a saltar sobre el pivote y la primera línea en la salida de balón ovetense. Ni se hizo con sentido en muchas ocasiones ni tampoco se ejecutó bien, orientando mal la presión sin obligar al Oviedo a envíos incómodos -algo especialmente visible en Gelabert, perdido en su marca al lateral zurdo rival-. En más de una ocasión se pudo ver a Corredera ir con el central rival, todo mientras Manu Rodríguez no equilibraba, pues tenía la consigna de ir sobre el interior más bajo de los locales, mientras Otero y Casas se repartían la responsabilidad del otro central y el pivote -al cual tampoco iban a seguir por todo el campo cuando se incorporaba y batían la primera línea de presión-. Un plan ambicioso que, en todo caso, asume importantes riesgos y que deben ir acompasados de una valentía en los centrales que no hubo. Jugando con 3 atrás, un central tiene que salir a cubrir a su mediapunta, un Goti que vivió demasiado solo en el partido y pudo dominar la zona ancha a su antojo. Si nadie le sigue, la recepción y giro es sencillísima. O corriges con un mediocampista más que dé ese equilibrio y ocupe los espacios que abandonan los otros dos, o si arriesgas lo haces con todo. El Sporting se quedó entre dos aguas en el Tartiere (imagen 3).
La espalda del doble pivote favoreció las transiciones rivales
Fruto de ese atrevimiento prácticamente suicida en la presión, el espacio a la espalda de los dos mediocampistas en una amplísima distancia entre líneas que partía al equipo en dos, las opciones para verticalizar del Oviedo eran muy claras. Sin embargo, también en defensas más posicionales en bloque medio, el Sporting pecó de una excesiva maleabilidad táctica; la ocupación de espacios no era óptima, el equipo no estaba nada compactado -lo que le impedía a su vez ganar segundas jugadas- y los movimientos sencillos, básicos, de los jugadores del Oviedo sin balón daban todo el sentido a sus posesiones que le faltaba a la organización defensiva rojiblanca. Varias fueron las ocasiones que se pudo contabilizar al equipo excesivamente basculado (imagen 4), de nuevo en sus mediocampistas, sin que hubiera el ajuste que compensara por parte de ningún compañero. Con una simple combinación los azules encontraban maneras de progresar y espacios para conducir enfrentando a la línea defensiva gijonesa, que no podía hacer más que replegar y hundirse.
El ajuste por dentro en el segundo tiempo antes de los cambios
Tras el paso por vestuarios Larcamón mantuvo a los mismos once sobre el terreno de juego, pero igualmente modificó su disposición. Un cambio sencillo, pero efectivo. El centro del campo pasó a ordenarse en un triángulo (imágenes 5 y 6) en el que Manu Rodríguez ocupaba el eje, Corredera el perfil derecho y Gelabert el izquierdo. De un plumazo, el Sporting ganó equilibrio sin balón al tener a un jugador más retrasado por dentro, aunque a cambio no pudiera ir a apretar tan arriba -algo que no había funcionado, sin robos ni ocupación óptima de espacios-, y también dio más criterio posicional a su construcción del juego en torno al balón. Con la altura superior de Corredera y la presencia de Gelabert entre líneas, el Oviedo tuvo que medir más sus saltos, y en algún desajuste, por medio de tercer hombre sobre todo en sus carriles -ahora Pablo García y Rosas en amplitud-, el Sporting pudo progresar con más claridad, con salidas limpias y campo más despejado hacia la mitad de cancha rival. El cambio posterior de sistema redundó en esta idea, bajando la altura de los laterales, pero ganando más versatilidad en la figura de un Gaspar muy móvil, pero que partía del costado izquierdo para obligar al Oviedo a estar más bajo. Un simple ajuste que permitió respirar mejor a los gijoneses y les estaba haciendo ir a más en el partido, aunque le faltó la amenaza habitual y todo terminó por dinamitarse con la expulsión de Gelabert. Una acción que fue el reflejo de algo que ocurrió colectivamente todo el partido; llegando tarde y mal a cada duelo.
Nota a Nicolás Larcamón y el resto del cuerpo técnico
Insuficiente. El papel todo lo resiste, y la idea de Larcamón tendría un sentido teórico, pero su ejecución práctica estuvo muy lejos de ser adecuada. El equipo transmitió que no tiene aún asimilada la idea; quiere presionar, pero no se coordina para hacerlo adecuadamente, las ayudas no llegan, la activación de los jugadores no es lo suficiente, lo que les hace ir tarde, y los movimientos sin balón en los apoyos, las tomas de decisión en la entrega o los saltos en la presión carecen de sentido con demasiada frecuencia. Un equipo perdido con responsabilidad para ambos; cuerpo técnico por no haber establecido primero una base que permita al equipo competir, y jugadores por no tener la capacidad de asimilar aún una serie de consignas que no debería significar un gran problema para futbolistas profesionales. No estamos hablando de física cuántica, pero por lo desorientados que estuvieron los once de rojiblanco sobre el césped bien lo parecería. Si no hay la capacidad para ejecutar esto adecuadamente, Larcamón deberá cambiar de plan, dar un par de pasos atrás y resetear. Si no, mientras el juego no acompañe, los resultados no llegarán.