Los cerezos de Linares, en Allande, castigados por una granizada rápida y agresiva

ASTURIAS

«Si hay que buscar cosas positivas, se salvaron los brotes, que nos permiten seguir con la producción el año que viene», señala el productor de la finca, Gabriel Rius

18 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Gabriel Rius y Susana Fernández tienen desde 2021 una plantación de 11 hectáreas de cerezo en Linares, en el concejo de Allande. Él, barcelonés de origen, y ella, canguesa, se conocieron en la Costa Brava y un día decidieron dar un vuelco a su vida y trasladarse al suroccidente asturiano. Su intención era producir algún tipo de fruto y, después de darle muchas vueltas y gracias al asesoramiento de un amigo de Gabriel, decidieron dedicarse al cerezo. Consiguieron una gran finca y plantaron los cerezos. Este año, el rendimiento de la plantación está todavía a la mitad de su potencial. Tienen que ir creciendo los árboles y dando más frutos con el paso de los años.

Todo parecía ir muy bien hasta el pasado domingo. Ese día fue el único que no pasaron por la plantación, y hacia el mediodía se desató una tormenta de granizo que dio al traste con la cosecha. «Tuvo que ser algo bastante intenso, durante poco tiempo, pero debió de ser un granizo bastante grande, visto el daño que le hizo a la fruta», explica Gabriel. Fue al día siguiente cuando vieron los efectos de la tormenta. Creen que fue poco tiempo porque, por suerte, hubo daños en hojas y frutos, pero los brotes, las plantas que esperan que el año siguiente comiencen a dar fruto, se salvaron.

«Si hay que buscar cosas positivas, una es esa: que se salvaron los brotes, lo que nos permite seguir aumentando la producción el año que viene». Por otra parte, como todo buen emprendedor, cuando comenzaron con el proyecto ya contemplaban la posibilidad de que tener un contratiempo de este tipo, y ya tienen alternativa: han contactado con gente que se dedica a mermeladas y productos derivados como helados o postres. Gente que necesita la cereza para procesarla. Ahí tienen mercado porque, según Rius, «será totalmente comestible, tan rica como si fuera perfecta» y el único problema es que «mucha de esta cereza cicatrizará y tendrá algún defecto visual», lo que limita la venta, porque por desgracia la mayoría de la gente no solo aprecia la fruta por el paladar sino también por la vista.

Para este año, estimaban un mínimo aproximado de 7.000 kilogramos, el doble de producción que el año pasado, siempre conscientes de que son muchos los factores que influyen en la cosecha y que calcular el rendimiento de una plantación de cerezos no es una ciencia exacta. El rendimiento de los cerezos va creciendo paulatinamente a medida que la planta es adulta. La floración va avanzando sobre las ramas: el primer año, un palmo, el segundo, dos palmos y, finalmente, la rama al completo. Es en ese momento cuando llega el máximo potencia.

Los cerezos de Linares todavía no están al cien por cien. Gabriel calcula que, si todo va bien, en un par de años estarían las 11 hectáreas trabajando ya a pleno rendimiento. Su idea, desde un principio, ha sido comercializar la cereza con dos vías de distribución: la distribución propia en el suroccidente, vinculada a un proyecto muy local del territorio, y el resto mediante un acuerdo con una distribuidora que las venderá con una etiqueta premium sin perder el logo de su propia marca, Kuma Cherries.

El proyecto salió adelante gracias a que en Allande había habido una concentración parcelaria. Como se sabe, una de las grandes desventajas del campo asturiano es su atomización en fincas pequeñas con propietarios distintos, que hacen difícil emprender plantaciones ambiciosas. Este obstáculo estaba salvado, y por suerte las fincas no solo eran extensas sino que reunían todas las condiciones: altura, orientación suroeste y, también, un entorno paisajístico muy atractivo.

Esto último es un buen factor de cara al futuro, porque la plantación ya prepara visitas para disfrutar de la finca durante la floración, «que es espectacular» y también en tiempos de cosecha. Ya han empezado con alguna iniciativa, y prevén que las actividades irán a más. Lo primero que hicieron fue una cata de vinos de Cangas en la finca, para un puñado de personas. Y después una visita con mucha más gente, un brunch para 150 personas que tuvo mucha repercusión.

Una de sus actividades más atractivas es la del final de campaña. Jornadas de puertas abiertas en las que abren las fincas para que la gente vaya a recolectar la fruta que sobra. «Les damos unas cajas, recolectan, lo pesamos y se las vendemos a un precio mucho más económico». Este año, el final de campaña puede ser otra de las vías para explotar la recolección, que puede hacerse perfectamente con la fruta dañada. A Gabriel Rius le gusta llamar a este tipo de cereza «La malquerida». Porque es una fruta perfecta, perfectamente apta para el consumo, pero que no se vende en las tiendas debido a su imagen. En la propia finca, en cambio, la gente no se guía solo por la vista sino también por el entorno, por el hecho de que lo recolecta directamente y, también, porque puede probar directamente su sabor.

Allande es un territorio, según Rius, muy propicio para las cerezas, porque tiene un clima algo más seco que en otras partes de Asturias, sobre todo en tiempos de cosecha, y también el suficiente frío en invierno necesario para que los árboles se desarrollen bien. El resultado es un producto de muy alta calidad, que era lo que buscaba la pareja desde un principio. La tormenta echó a perder una cosecha, pero la plantación sigue su camino y, si el cielo no se vuelve a ensañar demasiado con ella, pronto será una de las joyas de la producción de fruta en Asturias.