Chicote termina «dolido» tras su paso por una sidrería gijonesa

El chef televisivo protagonizó un serio enfrentamiento con la hija del dueño del restaurante que visitó. El programa se grabó en 2016

Alberto Chicote

Redacción

Si por algo es conocido Alberto Chicote es por su gran genio. Esto es algo que queda claro en cada uno de los restaurantes que visita con su programa Pesadilla en la Cocina, mediante el cual el chef trata de reconducir los negocios en los que reclaman su ayuda para que estos salgan adelante. Este fue el caso de la sidrería-parrilla familiar La Habana, un restaurante ubicado en el barrio de Moreda, en Gijón, que el madrileño visitó en agosto de 2016 para intentar que Juan, el propietario, entendiese dónde está el problema de su negocio para ponerle una solución. En La Habana Chicote se topó con Gema, la hija de Juan, que estaba dispuesta a todo para que su padre confiase en ella las riendas del negocio para que este pueda al fin, con 70 años, jubilarse. Todo parecía sencillo, pero no lo fue. Tres años y medio después, se ha podido comprobar en pantalla.

Una vez en La Habana, y tras conocer el local y sus platos, Alberto Chicote no terminaba de comprender dónde estaba exactamente el problema. ¿Por qué la gente había dejado de acudir al restaurante, si tiene precios razonables, comida rica, y cantidades abundantes? Esta era la pregunta que el chef madrileño no dejaba de repetirse. Por parte de los trabajadores del local, la opinión más recurrente era que en la cocina no se trabajaba a la velocidad que se debería. Sin embargo, Gema, que trabaja precisamente ente los fogones, creía que el servicio de los camareros no era todo lo bueno que debería. «Juan es un hostelero de los de toda la vida, que ha tenido varios negocios de éxito, y ahora este se le está yendo a pique. Ahora ni él, ni su hija, ni sus empleados y casi que ni yo, sabemos por qué», explicaba Chicote.

El chef acudió al local para comprobar que el problema de todo era la coordinación. La falta de un líder complicaba la organización del trabajo, y tanto Juan como el madrileño le exigían a Gema que tiene que ser ella quien tome el control si pretende quedarse a cargo de la sidrería. «Por el momento la veo válida para llevar la cocina, pero el negocio entero le queda grande», aseguraba Juan mientras habla de su hija con Chicote. El cocinero volcó todos sus esfuerzos en darle un lavado de imagen al local, e intentó que la mentalidad de Gema de un cambio de 180 grados, que comenzara a comprender que tendrá que dejar de ser una empleada más para convertirse en el líder que el negocio necesita.

Con una apariencia renovada, estrenando menú y con un nuevo nombre, La Foguera, Chicote tenía esperanza en que en la reapertura todo vaya sobre ruedas. Y así debío haber sido, pero el problema en cocina continuaba. Las encargadas de los fogones no tenían interiorizadas las recetas del nuevo menú, por lo que pararse a comprobar cada paso retrasaba la llegada de los platos a la mesa. Fue entonces cuando el chef comenzó a cabrearse al ver que Gema hace caso omiso a sus consejos. El madrileño le preguntaba a la encargada de cocina si creía que la temperatura de unas patatas es la correcta para servirlas, y, mientras ella afirma que sí, la respuesta del chef era contundente: «Yo que tu cerraba el restaurante y montaba una heladería, que así sabes que sacándolo frío no va a pasar nada».

La aparente tranquilidad que mostraba Gema enciende al cocinero, que la ponía a prueba una vez más. Los camareros se pusieron nerviosos porque la velocidad en la cocina era menor que la que llevan en el comedor, y la hija del dueño pedía calma. Chicote dejaba claro que «no les reclames tranquilidad y aprieta un poquito, que tenéis menos sangre que una zanahoria». La gota que colmó el vaso fue cuando el madrileño apreció que Gema no escuchaba a un compañero cuando este le está cantando una comanda, y le preguntó si se ha enterado. Él le pidió que repitiera las guarniciones, cuando ella confesó que no estaba escuchando. «Pero vamos a ver, por qué intentas pegármela que no soy más tonto que tu», le espetó Chicote a la encargada de cocina. «Os dije que necesitabais mas comunicación, concentración, y estar a lo que hay que estar. Tu me dices que sí, y cada vez que dices que si tengo la sensación de que te lo pasas por el arco del triunfo. Si te están cantando una comanda quédate con lo que te están diciendo. Sigue a tu aire, como tu quieras, yo he hecho mi trabajo, y tú no estás haciendo el tuyo», sentenció el madrileño.

Finalmente, Chicote abandonó dolido La Foguera ya que siente que Gema no le ha prestado la atención que debería. Así lo hizo saber cuando se despidió de todos los trabajadores, incluidos Gema y Juan. «Me siento dolido porque se han ignorado mis consejos, y como profesional espero ser escuchado», explicó. Para terminar, quiso que el propietario de la sidrería tuviese claro que, a pesar de todo, siempre le otorgará sus mejores deseos. «Mi éxito es que vosotros triunféis, pensad que todo lo que os he dicho es para que os vaya mejor, por eso me enervo cuando nadie me hace ni caso. Aun así, os deseo lo mejor del mundo».

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