Chicote termina «dolido» tras su paso por una sidrería gijonesa

Carla Vega REDACCIÓN

VIRAL

Alberto Chicote

El chef televisivo protagonizó un serio enfrentamiento con la hija del dueño del restaurante que visitó. El programa se grabó en 2016

07 feb 2020 . Actualizado a las 20:26 h.

Si por algo es conocido Alberto Chicote es por su gran genio. Esto es algo que queda claro en cada uno de los restaurantes que visita con su programa Pesadilla en la Cocina, mediante el cual el chef trata de reconducir los negocios en los que reclaman su ayuda para que estos salgan adelante. Este fue el caso de la sidrería-parrilla familiar La Habana, un restaurante ubicado en el barrio de Moreda, en Gijón, que el madrileño visitó en agosto de 2016 para intentar que Juan, el propietario, entendiese dónde está el problema de su negocio para ponerle una solución. En La Habana Chicote se topó con Gema, la hija de Juan, que estaba dispuesta a todo para que su padre confiase en ella las riendas del negocio para que este pueda al fin, con 70 años, jubilarse. Todo parecía sencillo, pero no lo fue. Tres años y medio después, se ha podido comprobar en pantalla.

Una vez en La Habana, y tras conocer el local y sus platos, Alberto Chicote no terminaba de comprender dónde estaba exactamente el problema. ¿Por qué la gente había dejado de acudir al restaurante, si tiene precios razonables, comida rica, y cantidades abundantes? Esta era la pregunta que el chef madrileño no dejaba de repetirse. Por parte de los trabajadores del local, la opinión más recurrente era que en la cocina no se trabajaba a la velocidad que se debería. Sin embargo, Gema, que trabaja precisamente ente los fogones, creía que el servicio de los camareros no era todo lo bueno que debería. «Juan es un hostelero de los de toda la vida, que ha tenido varios negocios de éxito, y ahora este se le está yendo a pique. Ahora ni él, ni su hija, ni sus empleados y casi que ni yo, sabemos por qué», explicaba Chicote.

El chef acudió al local para comprobar que el problema de todo era la coordinación. La falta de un líder complicaba la organización del trabajo, y tanto Juan como el madrileño le exigían a Gema que tiene que ser ella quien tome el control si pretende quedarse a cargo de la sidrería. «Por el momento la veo válida para llevar la cocina, pero el negocio entero le queda grande», aseguraba Juan mientras habla de su hija con Chicote. El cocinero volcó todos sus esfuerzos en darle un lavado de imagen al local, e intentó que la mentalidad de Gema de un cambio de 180 grados, que comenzara a comprender que tendrá que dejar de ser una empleada más para convertirse en el líder que el negocio necesita.