El milagro de Dylan, el cachorro al que una paliza había dejado paralítico

Los cuidados veterinarios de la ONG Mundo Vivo, que se hizo cargo del perro hace un mes, han conseguido que recupere la movilidad en sus patas traseras y comience a caminar

El pequeño Dylan, antes (cuando no podía mover las patas traseras) y después de los cuidados veterinarios de Mundo Vivo
El pequeño Dylan, antes (cuando no podía mover las patas traseras) y después de los cuidados veterinarios de Mundo Vivo

La vida de Dylan, un cariñoso cachorro de color canela, ha dado un giro de 180 grados desde que llegó a Asturias. Con apenas un año de vida, tenía una parálisis en sus patas traseras debido muy probablemente, dado el tipo de lesión, a una paliza. Hoy, tras un mes recibiendo cuidados veterinarios en la ONG Mundo Vivo en Llanes, da gusto verle correr tan feliz. Su milagrosa recuperación, en la que se han empleado técnicas como acupuntura y electroacupuntura, está siendo prácticamente retransmitida a diario a través de vídeos en las redes sociales de esta ONG a la que Dylan llegó desde Granada a finales de enero. 

«Estaba en la perrera de Granada, a la que ya había llegado sin caminar, paralítico de las patas traseras, y lo sacaron unas voluntarias para ver si podían hacer algo por él. Lo llevaron a una clínica veterinaria para hacerle una radiografía en la que tampoco se apreciaba mucho y se pusieron en contacto con nosotros», cuenta Marta Cueva, de la ONG. «Vimos el caso y les dijimos que nos lo enviaran para hacerle más pruebas y ver si había posibilidad de sacarle adelante o ponerle una sillita», indica.

Para Dylan, el hecho de salir de la perrera, con las dificultades añadidas que ello supone para un perro paralítico, ya fue un cambio que no ha parado de ir a mejor. «Un perro así en una perrera es muerte segura», lamenta Cueva, que explica que, una vez en Asturias, vieron que tenía sensibilidad profunda en las patas. «Lo primero que hicimos fue electroacupuntura y la sorpresa fue que el día de la primera sesión de repente se levantó y dio cuatro pasos. Empezamos a estimular con ejercicios diarios, trabajando la musculatura, con una buena alimentación natural, vitaminas y medicamentos para el dolor, ya que al despertar toda la musculatura y tener tanta actividad le duelen bastante las patas. Unos días más que otros». También se empleó acupuntura con puro de moxa y los resultados saltan a la vista.

Dylan también estuvo un tiempo con pañal porque no controlaba los esfínteres y ahora ya empieza a hacerlo. «Es increíble verle ahora después de ver cómo llegó, arrastrándose y con unas úlceras tremendas en la parte de atrás. Había momentos en que se ponía de lado, pero nunca se había puesto de pie y, en cuanto se le estimuló un poco el sistema nervioso, descubrió que podía ponerse de pie. Tuvo que aprender a mantener el equilibrio porque al principio se caía mucho. Ahora está como una moto», dice Cueva, que espera que, una vez que esté recuperado, Dylan encuentre un hogar y sea adoptado: «De momento nadie nos ha preguntado por él. Es duro decirlo, pero la gente quiere cachorros y perros sanos. Hay algunas personas que quieren un viejito, pero estos perros lo tienen muy difícil».

Cueva sabe de lo que habla porque, de los 15 animales que tiene en su casa, varios fueron acogidos con situaciones similares a la que tenía Dylan cuando le acogieron. «Tenemos muchos casos, a veces por un golpe o una paliza vienen con la columna fracturada y entonces no hay nada que hacer». Queen, por ejemplo, es una yorkshire anciana que también llegó a Mundo Vivo del sur de España. «Creemos que la lanzaron desde un coche por las fracturas que tiene y que, al caer, se rompió las patas delanteras. Se arrastró como pudo pero estuvo una semana hasta que la recogieron en una protectora y esas fracturas quedaron mal. Le han quedado secuelas y no utiliza las patas delanteras, pero se defiende muy bien. Utiliza el hocico y se arrastra un poquitín. Lo intentamos con una silla delantera pero no le gusta mucho», explica.

A Queen, que posiblemente fue utilizada toda su vida para criar, no la quiso adoptar nadie así que ya es una más en la familia de Cueva. Además, es uno de esos perros que, debido a los maltratos recibidos en el pasado, no podrían vivir en un piso. Es preferible una casa con terreno porque no salen a pasear. «Es duro, pero no salen», indica Marta Cueva, explicando que la ONG también tiene acogidos otros tres perros en condiciones parecidas. Dos en su casa: un pitbull al que utilizaban de sparring con una pata que le ha quedo mal y una podenca del sur de España que también tuvo que ser operada de una pata tras una paliza. En otra casa de acogida cuidan de una pastor alemán con una fractura del fémur que ya está empezando a caminar.

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