El triunfo del hecho en Asturias

La comunidad quiere mantener su tradición como una de las grandes regiones industriales de Europa gracias al saber hacer de sus trabajadores y a las nuevas empresas globalizadas con éxito

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Una empresa asturiana, TSK, es la socia elegida por la gigantesca Siemens para un proyecto de construcción de tres centrales eléctricas de ciclo combinado en Bolivia valorado en más de 1.000 millones de euros. Una constructora asturiana, Coprosa, desarrollará buena parte de la nueva ciudad administrativa planeada para su país por el Gobierno de Egipto. Las vías del AVE a La Meca se forjan en las acerías asturianas de ArcelorMittal. Software desarrollado en Gijón ayuda a Singapur a postularse como uno de los grandes centros mundiales de los servicios financieros... Existe desde hace años una Asturias preparada moverse con fluidez y alcanzar éxitos en el mundo globalizado, pero no se habla bastante de ella. Será porque la confianza de la opinión pública en la marcha económica de la comunidad autónoma nunca se ha repuesto del golpe de la reconversión en los años 80. El Principado ha pasado por varias fases de crecimiento desde entonces, pero la persistencia de una alta tasa de paro y la evidencia de la continua marcha de jóvenes en busca de oportunidades han enfriado cualquier tentativa de optimismo, aunque, como el resto de España, Asturias parece ir dejando atrás la gran recesión que empezó en 2008. La pregunta es: ¿está preparada para encontrar un camino sostenible de crecimiento y prosperidad en los próximos años?

Los agentes económicos quieren pensar que sí y, aunque cada cual aporte su toque personal a la receta, los rasgos básicos del modelo no están en discusión. Los empresarios, los sindicatos y el Gobierno autonómico están de acuerdo en que el motor de la productividad ha de ser un sector industrial moderno y competitivo. Hay también consenso en que los servicios son ya la principal fuente del empleo y en la necesidad de mantener un sector agroalimentario pequeño pero potente, tanto por su capacidad de generar exportaciones como por su papel social para evitar el despoblamiento de las comarcas rurales. Y un último elemento consiste en no descuidar los nichos de especialización y empleo que ofrecen el turismo o las tecnologías de la información.

«Diversificar el sector servicios para ofrecer nuevas posibilidades a los ciudadanos y a las empresas es necesario. Otra cosa es convertirnos en una región, o en un país, si pensamos en toda España, de camareros. No hay que olvidar que las regiones industriales son las que más avanzan en empleo y en calidad de vida en toda Europa», diagnostica el secretario general de CC.OO. en Asturias, Antonio Pino.

Modelo alemán

Para los sindicatos, el objetivo es parecerse a Alemania y, si eso suena demasiado fatuo en algunos oídos, a otros ámbitos más cercanos: Navarra, País Vasco o Cataluña. Esas tres economías regionales tienen un rasgo en común. Como, ellas el Principado presenta un tejido industrial potente que aporta más del 20% del producto interior bruto. «Asturias va a seguir siendo una comunidad de base industrial, pero necesita cambios para fortalecerse y resultar atractiva, para que, cuando una empresa quiera instalarse en España, se plantee abrir sus instalaciones aquí», opina el máximo responsable autonómico de UGT, Javier Fernández Lanero, muy preocupado por la incapacidad de actualizar un sistema de investigación, desarrollo e innovación que funciona según un plan de hace 25 años y por la decisión de responder a la competencia desleal que los tratados comerciales permiten a otras zonas del planeta por la vía de recortar los salarios. «Hemos visto bajadas salvajes y empiezan a estar en riesgo las pensiones», recuerda.

Asturias también tiene sus fortalezas. La primera en acudir a la cabeza de casi cualquier interlocutor relacionado con el ámbito económico es ArcelorMittal, no solo por las inversiones recientemente anunciadas, que garantizan la permanencia de la empresa en Gijón y Avilés durante muchos años, sino por lo que la acería viene a simbolizar como cabeza de todo el sector metalúrgico de la región. «Asturias tiene la ventaja enorme de su cultura y su tradición industrial. Todo el capital de conocimientos de sus trabajadores no se improvisa, es el fruto de años y años de esfuerzo. Por eso de aquí sale un acero de primera calidad mundial y por eso vienen a desarrollar sus productos Thyssen, Saint-Gobain, Dupont, Alcoa o General Dynamics», recuerda el secretario general de la Federación Asturiana de Empresarios (Fade), Alberto González. A su juicio, en lo que la región falla es en la capacidad de poner en marcha una industria transformadora que aproveche esa excelente materia prima, en corregir sus fallos estructurales y en la captación de inversiones externas. El modernizado puerto de El Musel revela esas debilidades. No se ha avanzado en el desarrollo de la zona de producción energética y actividades logísticas asociada al proyecto y el fracaso en rematar la variante ferroviaria de Pajares condena a unas instalaciones del siglo XXI a funcionar con unos accesos decimonónicos.

Corregir esas deficiencias es uno de los objetivos del nuevo acuerdo de concertación social firmado por la patronal, los sindicatos y el Gobierno autonómico el pasado mes de mayo. Quienes lo rubricaron apuntan que es un punto de partida, pero no la solución final de los problemas. Pino, que procede del sector metalúrgico, teme que, si las empresas no empiezan pronto a preparar el relevo, el tesoro de experiencia de sus trabajadores se dilapide en el próximo decenio. «En ese plazo llegaremos a la edad de jubilación unos 1.000 veteranos. Hay que preparar a los jóvenes para que ese cambio no se note en la calidad de los productos», advierte. Por parte de los empresarios, González admite que el sector está en plena transformación tecnológica y que, a medio plazo, puede haber problemas si la formación no garantiza un relevo de altura a los trabajadores actuales: «Tenemos la mejor experiencia manual, pero vamos hacia la fabricación digital».

Hablar en exclusiva de los gigantes de la industria, sin embargo, desenfoca la imagen de la estructura económica de Asturias. De las 67.451 empresas registradas en Asturias a finales de 2015 (el dato procede del Instituto Nacional de Estadística), solo el 0,1 % cumple los criterios para ser considerada una gran empresa. En el sector industrial operan más de 3.000. «Solo hay 94 con más de 500 trabajadores y, en cambio, unas 2.700 no llegan ni a 10», desglosa Pino. A la hora de competir, el tamaño importa mucho y las firmas regionales salen en desventaja. «Somos un país de pymes, eso hay que asumirlo, pero también necesitaremos empresas grandes para absorber todo el desempleo de estos años y crear muchos puestos de trabajo», añade Lanero. Además, si el espejo en el que se mira la región es Alemania o el País Vasco, la imagen solo saldrá parecida con empresas más musculosas y preparadas para competir en el exterior.

En ese frente, sin embargo, la situación no es catastrófica y ha mejorado en los últimos años. Fade ha dejado de usar el concepto de empresa exportadora para sustituirlo en sus análisis por el de empresa globalizada. Vender productos en el extranjero es ya solo una faceta de lo que se puede hacer en el cambiante entorno de los mercados internacionales, de donde proceden también las materias primas de firmas orientadas solo a las ventas internas y, en todo caso, el escenario donde se mueve la competencia y las innovaciones. Los empresarios asturianos cada vez miran más hacia ese mundo y, en 2015, casi 500 compañías cerraron tratos con el exterior. Según las estadísticas oficiales del Instituto de Comercio Exterior (ICEX), la balanza comercial asturiana es positiva. En 2015, se vendieron en el exterior bienes y servicios por valor de 3.753 millones de euros, mientras que las importaciones sumaron 3.255 millones.

Recuperación

En total, la actividad económica asturiana generó en 2015 un producto interior bruto valorado en 21.595 millones de euros. Aunque el Principado suma ya dos ejercicios seguidos de crecimiento (2014 y 2015) y todas las previsiones para este año, oficiales y privadas, apuntan a un nuevo incremento superior al 2%, la comunidad no ha recuperado aún la marcha anterior al año 2008, cuando el PIB alcanzó su techo y rozó los 24.000 millones de euros. Desde entonces, Asturias ha registrado tres años de contracción severa. El peor fue en 2009, en el que la economía cayó un 5 %. También fueron muy malos 2012 (-4,2 %) y 2013 (-3,6 %).

Esa debilidad ha afectado a las cuentas públicas y a las inversiones. El sector de la construcción, lastrado por el descenso en la licitación de obras dependientes de las administaciones, no acaba de levantar cabeza, y eso es malo para el empleo. Pero lo que se pierde no solo son infraestructuras básicas, apuntan los empresarios. Fade defiende que ha llegado el momento de acabar con el café para todos y aplicar estrategias distintas de ayudas al crecimiento a áreas diferenciadas de la economía: «Quizá ya no hay que plantearse ayudas directas a la actividad, sino ver lo que necesita cada sector. Para el turismo rural, puede que sea más importante tener un acceso rápido y de calidad a Internet, que no existe en toda Asturias y que permita a los empresarios moverse con rapidez, que una subvención a la creación de un negocio. Todo cambia deprisa, pero el ritmo del cambio es distinto en actividades distintas», señala.

También desde todos los ámbitos se escuchan voces que animan a sacudir el pesimismo secular de Asturias. Lanero cita el ejemplo del sector naval. «Construir barcos es una de las muchas cosas que hacemos muy bien y vendemos muy mal. Y es una actividad intensiva en empleo. Cada gran buque que entra en los astilleros de Gijón garantiza trabajo para 400 o 500 personas durante dos años», explica. Fernández apunta otro ejemplo de éxito construido a base de buenas decisiones: TSK, la empresa que acompañará a Siemens en Bolivia, nació pequeña en un polígono industrial y, a base de incorporar innovaciones tecnológicas, dispone de una cartera de productos y servicios a sus clientes que la diferencian de cualquier competidor no solo en España, sino también en proyectos internacionales. Su empuje le ha servido para situarse a la par, si no la ha adelantado ya, de una de las vacas sagradas de la empresa asturiana, siempre punto de referencia del centenario sector asturiano del metal: Duro Felguera.

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