Los desafíos de la universidad


La universidad es en buena medida un reflejo de la sociedad en la que se ubica y muchos de sus desafíos no son ajenos a los del propio territorio. El capital humano, por ejemplo, es el activo más importante de cualquier institución, y sobremanera en la universidad. Asturias  se enfrenta a un reto de envejecimiento poblacional como nunca se había visto en las sociedades europeas. Del mismo modo, la plantilla de nuestra institución envejece. Con una edad media cinco puntos superior a la media de las universidades españolas, ya de por si elevada, la simple reposición de profesionales que se jubilarán en los próximos años ya no garantiza la continuidad de áreas docentes y de equipos de investigación cuya creación ha costado décadas de trabajo y una gran inversión pública. Se precisan acciones complementarias.

En el mismo ámbito, la captación y la retención de talento son dos palancas claves para mejorar la calidad del servicio que la Universidad de Oviedo ofrece a la sociedad asturiana en su conjunto. Los éxitos conseguidos recientemente en convocatorias tan exigentes como las del European Research Council, validan la capacidad de nuestros recursos humanos y tecnológicos para competir con garantías con los mejores entre los mejores. Estas conquistas solo son alcanzables si disponemos de talento. La inversión en talento, en personas capaces de dinamizar facultades y escuelas, tiene retorno asegurado, ya que siempre multiplica la captación de recursos económicos.

Otro paralelismo entre lo que ocurre en nuestra sociedad y lo que pasa en la universidad, lo encontramos en la reducción de la financiación. El recorte del porcentaje del PIB dedicado a I+D+i en Asturias amenaza con alcanzar mínimos históricos. La aportación del sector productivo asturiano en inversión en I+D+i en nuestra comunidad se sitúa entre los más bajos de los países desarrollados. Existe una falta de cultura investigadora en la mayoría del tejido empresarial. Por su parte, la universidad debe corregir las disonancias entre lo que el mercado quiere y lo que sabemos hacer.

Tampoco es ajena la Universidad de Oviedo a la habitual falta de acuerdo político en nuestra región para pactar políticas estructurales cruciales, alejadas del cortoplacismo y con visión de futuro. La carencia de un plan estratégico plurianual consensuado (Contrato Programa de financiación por objetivos), que la institución viene reclamando insistentemente, puede afectar a la calidad del servicio público que la Universidad debe ofertar en los próximos años, en los que tendrá que afrontar retos de toda índole: una formación más transversal que mejore la empleabilidad de nuestros egresados; nuevos métodos educativos; mercados laborales muy cambiantes con la aparición y desaparición de profesiones y, por tanto, titulaciones; la internacionalización; la excelencia científica y una mayor conexión con el tejido productivo.

Europa está encaminada a ser una sociedad basada en servicios y productos de alto valor añadido, y Asturias no puede descolgarse de esa corriente. Sin titubeos ni disculpas, es el momento de invertir en conocimiento; el momento de apostar por el talento que emerge de la Universidad y de invertir para que los resultados se multipliquen.

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