La izquierda frente a la decepción


Estoy convencido de que Asturias afronta un momento histórico trascendental. Años de declive de una buena parte de los sectores estratégicos de nuestra comunidad nos han llevado a cifras alarmantes de población activa y a una preocupante decadencia demográfica. Ello nos obliga a ponernos las pilas con urgencia para poder enganchar algún tren de futuro. Esperar a que nos resuelva la papeleta alguna inercia de coyuntura no puede ser una opción. La débil recuperación económica actual no nos esta dando ni siquiera para salir de una situación social precaria. 

Debería ser éste, por tanto, el momento de la Política con mayúsculas. Sin embargo, ésta sigue ausente en Asturias. Ha sido sustituida por una comedia de enredos en la que un gobierno sin proyecto ni liderazgo y un parlamento sin mayoría, ni siquiera son capaces de acordar unos mínimos objetivos estratégicos de legislatura. Así es imposible afrontar los cambios que necesita nuestro modelo productivo y aprovechar las fortalezas de nuestro territorio. Aunque suene un tanto paradójico, urge politizar la agenda de las instituciones públicas asturianas. 

Hasta ahora, en ese sentido, IU ha venido clamando en el desierto. Desde el compromiso con el cambio y la gobernabilidad de Asturias, pactó un programa de cambio de izquierdas y regeneración democrática frente a la derecha, con el objetivo final de que fuera la base de un amplio acuerdo de la izquierda asturiana. Sin embargo, entre la querencia por el postureo de unos y la falta de audacia de otros, los presupuestos del Principado de Asturias acabaron mostrando un acuerdo PP-PSOE, cuya única propuesta ambiciosa fue abrir la espita de una desfiscalización irresponsable que, si no se frena, acabara poniendo en riesgo la calidad de los servicios públicos y las prestaciones sociales. 

No entra en nuestros planes dejar de insistir en la necesidad de fortalecer los servicios públicos e incrementar las medidas de rescate social de los principales afectados por los ajustes de la crisis. Esto es incompatible con promover la caída de ingresos y mucho más con la ruptura del principio «quien más tenga que más contribuya». Las listas de espera sanitarias, la dependencia o en el salario social necesitan reformas y presupuesto, no privatizaciones para unos pocos y deterioro para la mayoría. 

Pero, además, hacen falta también otras políticas: iniciativas públicas que pongan la inteligencia y el talento de nuestra comunidad educativa y científica al servicio de la modernización del tejido económico, social y cultural de Asturias; avances imprescindibles en la protección y ordenación del territorio y el medio ambiente como el desarrollo del Área Metropolitana Central, modelos alternativos a la incineración de residuos o acuerdos con la industria asturiana para mejorar la calidad del aire que respiramos. Y por supuesto, un programa regenerador frente a los riesgos sistémicos de la corrupción política y la desafección ciudadana. 

En el ecuador de la legislatura, si el gobierno no se sacude la inercia y las fuerzas parlamentarias la pulsión partidista, corremos el riesgo de otra legislatura fallida que incremente la decepción ciudadana frente al hastío que provoca la corrupción y la improductividad institucional. Precisamente cuando es más necesaria la solidaridad, la regeneración democrática y la tolerancia frente a la contrarrevolución conservadora y autoritaria. 

En manos de la izquierda asturiana en sus distintas versiones está la elección: comprometerse con el cambio posible o resignarse al continuismo que pondrá en bandeja al bipartidismo y a la derecha la degradación social y política como lanzadera electoral. Parece que a nivel estatal tendremos que resignarnos a la oposición, cuando pudimos transformar la indignación social en mayoría para el cambio de gobierno. De nosotros depende que en Asturias no ocurra lo mismo.

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