¿Es Xixón una ciudad triste?

Un alegato contra el pesimismo del líder vecinal Adrián Arias a propósito del estreno del documental «Lluz d'agostu en Xixón» de Alejandro Nafría


El sábado 18 se proyectó dentro del FICX la película Lluz de Agosto en Xixón del director Alejandro Nafría y que con la excusa de seguir los pasos del músico Nacho Vegas, todo un conjunto heterogéneo de personas desgranaban un relato bastante pesimista de nuestra ciudad desde finales de los años ochenta hasta aquí. La verdad que la sala de Gijón Sur se quedó pequeña para ver la película-documental que colgó el cartel de no hay entradas en una proyección repleta de activistas sociales. Todas las reflexiones y el intercambio de opiniones que se producían entre diversas músicas, periodistas, activistas, sociólogas, poetas y así hasta 24 personas con el propio Nacho Vegas, planteaban una cuestión de fondo: Xixón es hoy una ciudad triste, como sin alma, donde sólo quedan los escombros de un lejano Xixón que tenía respuestas a todas las preguntas, incluso aquellas que nadie le había hecho.

La sensación era pesimista, muy pesimista. Un canto al «no hay alternativa», «esto está hecho una mierda» y «aquí no hay quién nos salve». Un relato que exponían precisamente personas, sin las que para mí sería impensable construir un relato diferente y alternativo de Xixón. Un golpe duro, al mentón y que deja noqueado sin pestañear. La melodía y las letras de Ciudad vampira parecían confundirse con los testimonios que añoraban los días de «barricadas, lucha y conciencia de clase». Y al final, uno salía después de 109 minutos de película con la sensación de que aquello era cierto, hoy Xixón es una ciudad triste (y nosotras también).

Pero lejos de la autoflagelación, yo pienso que Xixón es hoy una ciudad triste, y por extensión las personas que vivimos en ella, pero con todas las herramientas para ser feliz. Incluso, creo ver posibilidades de que algo nuevo está creciendo, como si parafraseáramos a Gramsci desde alguna concurrida terraza nocturna de Cimavilla con aquello de «lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer», y añadiría: «Pero está naciendo».

Hay naciendo un Xixón diferente con colectivos como Mar de Niebla con veinte años a sus espaldas en la Zona Oeste, un Xixón Abierto Hasta el Amanecer que sigue dando guerra año tras años (y ya son 25), de esa Caja de Músicos/as que es faro de alternativa cultural y de autoorganización, sigue creciendo ese Xixón del Sporting sufridor o del Ceares que eleva el fútbol a «laica religión del barrio». También del Xixón que baila y sigue saliendo a la calle con la Ventolín como himno oficial, el Xixón solidario y luchador con la PAHD-Asturias y su Horru acogedor o de ese Xixón gris en la superficie (seguramente por la elevada contaminación), donde si rascas un poco existen tal cantidad de entidades sociales inimaginables que como hormigas construyen día a día una red inmensa en la ciudad.

Son hoy días de contrastes, de una ciudad que nos vive con pesimismo, que desde 2003 hasta hoy (según datos oficiales) ha perdido a más de 20.000 jóvenes. Que nos condena a la precariedad vital o al exilio económico. A ser aventureras o leyendas urbanas, protagonistas de nuestro Marvel personal, mendigando por ser comercial, captadora o currar de extra en la hostelería. Un entorno que nos derrota poco a poco, pero que desarrolla en su interior las raíces de su alternativa. El proceso quincemayista ha sido profundo, aunque algunas personas lo hayan querido circunscribir al estallido de las plazas y sus procesos de periferia social. El 15-M articuló a nuestra generación en torno a nuevas metodologías, interacciones y cambios sociales profundos, que aún no han explotado con toda su capacidad de transformación. Somos las personas a las que ese proceso más nos ha marcado y a las que corresponde cambiar nuestra realidad. Jorge Ilegales Martínez, en su espectacular Tiempos nuevos, tiempos salvajes nos marca el camino: «Levántate y lucha/ esta es tu pelea/  levántate y lucha/ no voy a luchar por ti».

Hay esperanza, hay futuro, hay optimismo.

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