El 23-F marcó, también en la Costa da Morte, la transición de una democracia incipiente a una época de libertades El 23 de febrero de 1981 amaneció como cualquier otro día. El alcalde de Carballo, José Sánchez Vilas, comenzó la jornada en su despacho firmando la convocatoria de un pleno para el día 25. En el patio de la iglesia de San Xoán Bautista se realizaban obras de ajardinamiento, y en la vieja estación de trolebuses se formaban colas en las horas punta. Las primeras noticias sobre la «toma» del Congreso de los Diputados llegaron por la tarde, y cogieron por sorpresa a casi todo el mundo. El temor era generalizado, porque el que más y el que menos esperaba que aquella democracia, todavía en pañales, avanzase por el camino de la consolidación.
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