Jalalabad respira en paz, pero nadie parece odiar a los integristas «porque todos somos musulmanes» La ciudad de Jalalabad, capital de los pashtunes del este de Afganistán, respira su primer Ramadán sin el régimen de los talibanes, pero nadie aquí parece odiar a los estudiantes guerreros. «Somos todos hermanos, todos afganos y todos musulmanes», insisten, y no ven razones para odiarlos, ni mucho menos para bombardearlos. La culpa de todo, dicen, la tiene Pakistán y los extranjeros -árabes y chechenos- que acompañan a los talibanes, a quienes atribuyen las mayores crueldades.
JAVIER OTAZU