Si usamos como tensiómetro de la sociedad gallega de 1981 las cartas al director que publicaba nuestro periódico, el diagnóstico vendría acompañado de una dosis de trankimazín no menor a la que pide el escenario actual. El divorcio, el gallego en la enseñanza, las autonomías, el terrorismo o el precio de los alquileres provocaban hiperventilados debates hasta que Tejero introdujo uno nuevo. «Desclasifiquemos» algunas de aquellas misivas.
Jesús Flores