Últimamente le ha dado por las bombas fétidas... y su sentido del humor ya huele mal. Siempre ha querido ser el alma de la fiesta dentro y fuera del vestuario, aunque a veces ha metido la pata hasta el fondo. Pero Piqué sigue en el alambre que separa la mesura de la provocación: «ser guapo no es pecado», aseguró en su día.
Cada jugada, cada acción y cada movimiento van acompañados de un comentario, una mirada, una aprobación o un reproche de Víctor Fernández, que sigue de cerca a sus jugadores