Más de la mitad de los habitantes de la comunidad ya se benefician de esta nueva fuente de energía, según Industria Los ciudadanos gallegos se encuentran divididos entre el tradicional butano y el novedoso gas canalizado, de reciente instalación en la comunidad autónoma. Frente a las características bombonas naranjas que se ven cada día en los hogares, calles y hasta balcones de los edificios, poco a poco se va imponiendo el aséptico e invisible gas, «camuflado» en las fachadas de las viviendas. La principal ventaja es la comodidad y la limpieza de esta nueva fuente de energía, que llega con cierto retraso a Galicia, ya que estaba prevista para 1993. Una vez finalizada la primera fase del plan de gasificación de la comunidad, 51 municipios disponen ya de este servicio, y serán 80 a finales del 2001, según Industria.
ELENA L. DE GUEVARA