Los procesados, de entre 79 y 85 años de edad, están imputados por genocidio, crímenes contra la humanidad y de guerra, asesinato, tortura y persecución por razones religiosas y de raza.
Los incidentes se han registrado en los templos de Ta Kwai y de Ta Muen, que están ubicados sobre o entorno a terreros cuya soberanía reclaman ambos países.