La Justicia entra por primera vez y de forma decidida en la investigación de la corrupción policial en Galicia El día en que los focos de las cámaras se dirigían hacía el «Rapanui», llegado al puerto de Vilagarcía cargado de cocaína, un selecto grupo de hombres del Departamento de Aduanas en Galicia, dirigidos personalmente por su jefe regional, acababan de propinar un nuevo golpe a los narcos. Ese mismo día, el pasado martes, se enfrentaban a la ingrata tarea de detener a cuatro funcionarios públicos -tres de ellos de la plantilla de Vigilancia Aduanera y un cuarto guardia Civil- tras el apresamiento del «Chad Band» con hachís. Esta operación, a la que aún no se ha bautizado, ha reabierto el viejo debate de ¿quién vigila al vigilante?
J. Á. FARIÑAS