La policía no podrá entregar este viernes el manuscrito, tal y como estaba previsto, ya que, ante la cantidad de material intervenido, las diligencias para analizarlo se prolongarán durante más tiempo
Alejandro Otero, propietario de una platería ubicada a pie de catedral, solía tomar café a diario con el electricista que, supuestamente, sustrajo la valiosa obra de la basílica compostelana. «Nunca hubiera sospechado de él», admite