Todo empezó en 1978. El dibujante, que se dedicaba a vivir de las rentas de «The Spirit», abandonó su estado de semi-jubilación y presentó un nuevo proyecto a la editorial Baronet Books.
«La polémica se generó por una interpretación errónea de mis palabras», matiza la consejala que dijo que las fiestas no tuvieron éxito el año pasado por ser «demasiado gallegas».