El mítico compositor que creó himnos generacionales como «Perlas ensangrentadas» fue enterrado ayer en Madrid Flaco, desgarbado, tímido y tierno. Carlos García Berlanga, el dandy perverso que vendió su alma a la «movida», clausuró el miércoles su pacto con el diablo. Murió joven, de un agujero en el hígado, pero en sus 42 años dio vida, a bordo de un bote de Colón, a toda una generación enclaustrada en las tinieblas del postfranquismo musical. Cuando España navegaba a golpe de copla y pandereta, en 1977 se embarcó en Kaka de Luxe, un látigo punk que fustigó a la constreñida escena musical de la época. Alaska ponía la imagen; Canut, el atrevimiento y Berlanga el espíritu. El alma de la «movida» fue enterrado ayer en Madrid.
R. ROMAR