Aunque el deseo de Trump de meterse Groenlandia en el bolsillo pueda parecerle a algunos la excentricidad de un magnate inmobiliario o el envite de un tahúr de la geopolítica, quizás, la idea no es nueva: La Voz ya la sacaba en titulares en 1947. La Guerra Fría enseñaba el colmillo y el Ártico era un bocado de la tarta que se horneaba en la Casa Blanca y en el Kremlin.