El presidente del Banco Central Europeo garantiza que decidan lo que decidan los británicos, el arsenal está listo, en perfecto estado de revista, para intervenir en los mercados y evitar que la cosa se desmadre
Primero dejó claro que no tolera que «se cuestione la independencia del BCE» y luego deslizó que «cada vez que se ponen en duda las decisiones del banco central, estas tardan más en hacer efecto»
Deja los tipos en el 0 %, eleva en 20.000 millones la cifra que se gasta cada mes en comprar deuda (ahora también bonos de empresas) y abre otra vez la barra libre de liquidez para la banca