EUROPA DEBATE SU FUTURO
El temor de los Quince a los efectos de la ampliación se convierte en el mejor acicate para alcanzar un consenso Las negociaciones para reformar las instituciones de la Unión Europea (UE) son cada vez más enrevesadas. La aspiración alemana de ver reforzado su poder en el Consejo ha quedado relegada a segundo plano. Ayer lo que más preocupaba a los Quince era cómo garantizar su actual peso político en una UE de veinte o más socios. En el Palacio Acrópolis de Niza las ideas fluyen por doquier. Pero la mayoría de propuestas, sean globales o parciales, acusan el estigma del nacionalismo. El europeísmo de los «ombligos» -que cobró fuerza a raíz de la preminencia política del ultraliberalismo de Margaret Thatcher- dificulta sobremanera el debate. En ese escenario, el miedo a los futuros socios es el mejor acicate para arbitrar soluciones de consenso.
FÉLIX SORIA