Los calabozos policiales son un retrato de la vida marginal y subterránea que también existe en la capital de Galicia Es como un viaje a las catacumbas de Santiago. Los calabozos de la Policía Local, en el pazo de Raxoi, y los del Cuerpo Nacional de Policía, en Rodrigo de Padrón, son lugares en los que no apetece estar ni siquiera de visita. Están limpios, sí, pero huelen a pobreza y a abogado de oficio. La luz artificial, el alicatado, las rejas, los pestillos, las cerraduras, las inscripciones de las paredes... todo pertenece a un submundo que está ahí mismo, a pocos metros de la catedral. Los que no han estado nunca no se pierden nada; los que han pernoctado alguna vez, seguro que han aprendido a valorar como nadie la dulzura del hogar.