El retraso de las ayudas de la Xunta y, sobre todo, la falta de vigilantes, condiciona a los concellos, que priorizan los arenales de mayor riesgo y afluencia de bañistas
Tras más de un año de supervivencia, los locales, alguno cerrado desde el inicio de la pandemia, retoman la actividad, con buenas expectativas para la campaña estival