Es uno de los nombres propios de la peluquería en Santiago. «Hay clientas que empecé a peinar a mis 18 años y que siguen conmigo 44 años después», agradece. Ligada desde niña a la rúa Castrón Douro, allí abrió en 1988 su primera peluquería. A la misma calle volvió hace dos años con un salón que sorprende por su luz natural y ventanales
Olalla Sánchez