Madrid se ha inundado esta semana con un rosario de banderas. Más de un millón y medio de peregrinos han tomado la ciudad como respuesta a la llamada del Papa.
El papa ha agradecido la «alegría y resistencia» de los asistentes, que aguantaron una fuerte tormenta que obligó a parar el acto, y previamente habían esperado bajo un sofocante calor la llegada del pontífice.
El ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, ha trasladado a los representantes vaticanos la necesidad de que la abadía deje de ser «un espacio de lo que fue el viejo nacional-catolicismo franquista» y sea transformado en «un lugar de memoria reconciliada».