«Cada uno tiene una ilusión en la vida y la mía es mi tienda»

Oriol López
Oriol López REDACCIÓN

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Fina Clemente, tras el mostrador de su tienda de la Calle Mon.
Fina Clemente, tras el mostrador de su tienda de la Calle Mon. Oriol López

Cada vez son más las personas mayores de 65 años que prosiguen trabajando, siendo alrededor de 2.800 en Asturias. Fina Clemente y Deli Fernández son dos de esos casos

12 sep 2016 . Actualizado a las 13:06 h.

La jubilación es un momento de la vida que le tocará a todas las personas  -o quizá, con la coyuntura económica actual, sea un privilegio ya pasado, el tiempo lo dirá-, aunque cada vez está menos claro a qué edad será. Es una situación muy deseada por algunos pero, aunque resulte sorprendente, hay otras personas que no conciben su vida sin trabajar a pesar de haber cumplido ya la edad que les da derecho a retirarse. Disfrutan con su oficio. La otra cara de la moneda serían aquellos que, ya no por gusto, se ven obligados a continuar trabajando por motivos sobre todo económicos. En Asturias hay una estimación alrededor de 3.000 personas mayores de 65 que prosiguen con su vida laboral y en La Voz hemos tenido la oportunidad de hablar con dos de ellas.

La tienda Sabiniano Clemente, toda una institución ovetense

La tienda de ultramarinos del número 31 de la Calle Mon, fundada por Sabiniano Clemente y regentada por su nieta, Fina Clemente, desde hace ya 73 años -ella tiene 87-, es toda una institución en los comercios de la capital asturiana. «Llevo desde los 14 años, empecé ayudando a los abuelos y, cuando acabé el colegio, me quedé trabajando de a hecho. Estoy muy a gusto aquí», afirma Fina, para quien el dinero «no lo es todo». Ella siempre dice que el dinero se necesita «sin que te entre la avaricia», pero querer a la gente y que te quiera es «más importante». «Yo tengo muchas demostraciones de cariño, estoy contenta con lo que hago. ¿El dinero? Para vivir con un poco de orden, nada más», asegura la tendera.

Mientras hablamos con ella en su negocio, podemos asistir en directo a una de esas demostraciones de cariño de las que nos habla. Aparece por la tienda un amigo andaluz, al que la hija de Fina dio clase de Historia en un pueblo de Sevilla hace ya lustros, para hacerle una visita. Ambos se emocionan en su encuentro recordando con cariño a la hija por un lado, y la profesora y amiga por el otro. «Ya viste a lo que me refería», dice la incansable trabajadora.