Intentan zanjar sus disputas territoriales y se abren a cooperar en el plano económico
16 dic 2016 . Actualizado a las 07:43 h.La Segunda Guerra Mundial sigue lastrando la agenda política en Asia y una prueba de ello es que un viejo conflicto territorial entre Japón y Rusia de aquella época marcó la reunión que sus líderes mantuvieron ayer. Shinzo Abe recibió a Vladimir Putin en un bucólico ryokan (hotel tradicional nipón) en Nagato, su feudo natal, donde ambos pusieron sobre la mesa fórmulas para resolver su contencioso sobre las islas Kuriles.
«Hemos mantenido un sincero y profundo intercambio de opiniones», declaró el primer ministro japonés tras las tres horas que duró un encuentro que, aseguró, se desarrolló en «muy buen ambiente». Quizás ayudó que el escenario de la cita fuese un onsen, un balneario japonés, en el que los líderes trataron la posibilidad de desarrollar «actividades económicas conjuntas» en las cuatro Kuriles meridionales, islas que quedaron bajo el control de la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial y cuya soberanía reclama Japón.
Es la primera vez que un presidente ruso visita Japón en los últimos 11 años. También es la primera vez que Putin mantiene un encuentro con un miembro del G7 desde el conflicto de Crimea. Para ambos, el momento es crucial ya que Moscú busca un acercamiento comercial con Tokio ahora que su economía sufre los efectos de las sanciones internacionales. Japón anhela los recursos energéticos rusos para revitalizar su economía y, a su vez, comerle terreno a su gran rival, China, que importa buena parte de esos recursos.
Precisamente, el gigante asiático mira con recelo ese acercamiento entre Japón y Rusia, su aliado en los últimos tiempos. Según los expertos, Putin ve en Japón una fuente de ingresos menos problemática que China, cuyo desarrollo en el Este del país despierta suspicacias. «No tiene armas nucleares, no inundará la región con sus trabajadores y no comparten una frontera terrestre», dijo Jun Okumura, experto y ex funcionario del ministerio de Economía nipón, sobre las ventajas para Moscú de hacer tratos con Tokio y no con Pekín.
El encuentro también ha generado reticencias en Washington, principal socio internacional de Japón y partidario de ahondar en el aislamiento de Rusia en represalia por sus intervenciones en Ucrania y Siria. Con su acercamiento a Japón, Moscú sigue desarrollado su estrategia en Asia, que consiste en aprovechar fracturas en diferentes alianzas para ganar ventajas diplomáticas sin ceder nada a cambio.
Para Rusia, perder soberanía sobre las Kuriles abriría la posibilidad de que las utilizara Estados Unidos en caso de conflicto en el Pacífico. Entre otras cosas, les permitiría monitorizar de forma más precisa la presencia de submarinos rusos, una de sus bazas defensivas en la zona.