Alemania tiene sed de cambio

El impulso de los socialdemócratas gracias al «efecto Schulz» desata el nerviosismo en el partido de Merkel. Según un sondeo, dos tercios de los alemanes no quieren que Merkel siga siendo canciller


Berlín / corresponsal

Angela Merkel empuña un cuchillo mientras con la otra mano sostiene la cabeza decapitada de Martin Schulz, su rival en las elecciones generales del próximo 24 de septiembre. Una portada con la que la última edición alemana de la revista satírica francesa Charlie Hebdo deja en evidencia cómo el nombramiento del nuevo candidato a la cancillería por el Partido Socialdemócrata (SPD) ha puesto patas arriba el tablero político de la primera potencia europea y animado una campaña que estaba condenada a la rutina. 

En cuestión de días, el expresidente del Parlamento Europeo a ha logrado acabar con la hegemonía de la bancada conservadora, al mando de Merkel, y resucitado a una formación que, castigada por su indiscutible viraje a la derecha, estaba sumida en una crisis sin precedentes. Todos los sondeos coinciden en calificar de histórica la remontada del SPD, que gracias a su nuevo hombre fuerte ha sumado entre seis y nueve puntos.

Sin duda, Míster Europa está dispuesto a darlo todo por destronar a la dama de hierro y tiene potencial para atraer a votantes inconformistas de todos los partidos. Asimismo, Schulz ha sabido transformar sus debilidades en fortalezas, como cuando reconoció abiertamente haber tenido problemas con el alcohol o cada vez que rememora sus tiempos como alcalde de Würselen, una pequeña ciudad de provincias, solo para acercarse al ciudadano medio. 

Pero la realidad es que el exlibrero de profesión sin experiencia en política interna alemana aún no ha aportado nada al eterno programa socialista, basado en asuntos como la lucha contra la evasión fiscal o el incremento salarial. Así que, por el momento, el «efecto Schulz» se debe solo a la novedad y, sobre todo, a la sed de cambio. Según una encuesta del instituto YouGov, dos tercios de los alemanes aseguran no querer más a Merkel como jefa del Gobierno.

Una tendencia que, a ocho meses de las elecciones, pone nerviosos a los diputados conservadores, que han empezado a lanzar dardos envenenados a su contrincante. La vicepresidenta de la CDU, Julia Klöckner, aseguró que un hombre como Schulz, que ha defendido una quita de la deuda griega, es peligroso y da alas a la ultraderecha. Hasta el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, comparó al candidato socialdemócrata con Donald Trump, por «vender humo» y tratar de dividir a la sociedad, al tiempo que le acusó de ser un burócrata financiado por el establishment de Bruselas y Estrasburgo que intenta venderse como un ciudadano común. 

No obstante, hoy por hoy, el ansia de cambio no es tan decisivo «como en 1998, cuando [el socialista] Gerhard Schröder pudo sumar puntos como consecuencia del ampliamente extendido hastío tras 16 años del [cristianodemócrata] Helmut Kohl», asegura Manfred Güllner, del instituto Forsa. Habrá que ver si dentro de dos meses, cuando haya pasado la novedad y Schulz deje de estar de moda, el SPD es capaz de mantener esos porcentajes. Algo que parece poco probable.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Alemania tiene sed de cambio