Otra vez en guardia frente al ébola

El antecedente de la última epidemia moviliza desde Europa a las oenegés para frenar el foco en un área remota del Congo y evitar los errores de hace tres años


redacción / la voz

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 29 de marzo del 2016 el fin de la emergencia de salud pública de importancia nacional tras dos años en los que la epidemia del ébola segó más de 11.000 vidas, la mayoría en países de África Occidental. Un año después, la República Democrática del Congo vuelve a sufrir las consecuencias de un virus cuya expansión «depende de la premura en la identificación de casos, del control epidemiológico sobre los contactos y las medidas que se pongan en marcha ahora que se ha declarado el brote». Lo explica Marta Lado, una gallega afincada en Sierra Leona, experta en enfermedades infecciosas. Para evitar el retraso en la detección de la epidemia del 2014, organizaciones como Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja o Unicef ya realizan trabajos de campo en zonas próximas a Likati (en la frontera con la República Centroafricana), donde en las últimas tres semanas se han producido tres muertes y hay veinte posibles afectados por un virus que tiene una tasa de mortalidad que alcanza el 70 %.

Mientras la OMS estudia si debe utilizar o no las nuevas vacunas desarrolladas, los expertos explican que, al tratarse de una zona remota, es difícil que el virus se propague, pero no hay que bajar la guardia. «A la espera de que Cruz Roja del Congo termine de evaluar la situación, el día 13 salió un equipo de Kinsasa con 70 personas de la rama sanitaria, del área psicosocial y del ámbito de agua y saneamiento investigando si hay rastros de contagio y realizando labores de prevención para ver el alcance del brote». Además, según explica Íñigo Vila, responsable de la unidad de Emergencias de la entidad, «se han destinado 200.000 francos suizos (alrededor de 183.000 euros) para que nuestro equipo tenga liquidez para comenzar las actividades».

Un acceso complicado

A pesar de que el complicado acceso a la zona afectada dificulta que entidades como Médicos Sin Fronteras hayan podido tener contacto con pacientes, según fuentes de esta entidad, la gestión del brote en la República Democrática del Congo está siendo, según Marta Lado, «un ejemplo de cómo se debe responder a estos brotes: han activado el sistema de vigilancia epidemiológica, reforzado el aislamiento de los casos y sus contactos y la respuesta gubernamental ha sido eficaz, invirtiendo para prevenir la expansión de la infección y sensibilizando a la población». Nada que ver, mantiene, con «las razones reales por las que el brote de ébola entre el 2014 y 2016 fue tan dramático». La médica asegura que a la pobreza, la falta de higiene y canalización de aguas se le sumó «la debilidad del sistema sanitario, de pago para una sociedad sin recursos y los escasos sistemas de coordinación para implementar políticas que favorecieran la salud pública» en Sierra Leona, Guinea y Liberia, países donde el ébola se cebó especialmente.

Seguimiento de supervivientes

Solo en Sierra Leona, en ese período de tiempo hubo más de 9.000 afectados, lo que ha llevado a este país a, entre otras cosas, crear un Equipo de Respuesta Rápida controlado por el ejército que, en caso de que el virus alcanzara la zona «se podría mandar al área afectada controlar la expansión y coordinar la respuesta con una unidad de tratamiento móvil», comenta Lado. «Simultáneamente, se está realizando un seguimiento estrecho de los supervivientes de la epidemia para controlar la persistencia del virus en fluidos como el semen», añade.

El ébola, como enfermedad zoonótica, vive en animales (murciélagos o monos) y periódicamente puede afectar a los humanos. El contacto directo con fluidos contaminados «como vómitos, heces o sangre y el contacto con cadáveres con alta cantidad de virus tras la muerte crean el brote, pero es responsabilidad común de todos evitarlo, no solo de los países localizados de África. La cooperación entre estados y organizaciones debe continuar», puntualiza la experta.

El cólera alcanza 62 municipios de Yemen y causa más de 200 muertes en este país

«Más del 50 % de los centros sanitarios en Yemen no funcionan a consecuencia de la guerra, por lo que no es de extrañar que el cólera se propague». El coordinador de los asuntos humanitarios de la ONU en Saná, Jamie McGoldrick, muestra su preocupación ante el elevado número de personas con síntomas de esta infección en el país árabe.

Unicef difundió ayer que la cifra de muertes confirmadas por esta enfermedad aumentó hasta las 209, mientras que 17.200 enfermos esperan poder ser atendidos. Una opción para nada asegurada. En este país, que lleva tres años en guerra, cerca de un tercio de los casos sospechosos, 5.500, y de 29 muertes se concentran en la capital, según explicó a Efe el portavoz del Ministerio de Sanidad del Ejecutivo de Saná, Abdelhakim al Qahlani, pero la epidemia se ha expandido ya por 62 municipios.

Tanto el Gobierno rebelde como el leal al presidente Abdo Rabu Mansur Hadi, establecido en la ciudad costera de Adén (sur), han anunciado medidas para tratar de controlar el brote.

Debido a la guerra, Yemen tiene un elevado riesgo de enfrentarse una hambruna en los próximos meses, según la ONU, por la pérdida de las cosechas y por el bloqueo naval que ejerce la coalición árabe, con el apoyo de Estados Unidos, a los puertos controlados por los rebeldes.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Otra vez en guardia frente al ébola