«Donny», el cazador cazado que colocó ante el abismo al Gobierno de Trump

El contacto con la emisaria del Kremlin fue un cantante de pop cercano a Putin

Trump saluda acompañado por su yerno Kushner, su hijo Donald y la esposa de este
Trump saluda acompañado por su yerno Kushner, su hijo Donald y la esposa de este

Nueva York / Corresponsal

Como su padre, Donald Trump Jr. es un asiduo de las redes sociales. Es este el mecanismo que habitualmente utiliza para defenderle de manera extremista y, a su vez, el medio que le ata a la controversia. Aficionado a la caza y a la pesca, suele publicar en Twitter imágenes en las que sostiene como trofeo a animales en peligro de extinción, algo que en muchas ocasiones ha provocado la ira de los estadounidenses. Y es que a sus 39 años de edad, Donald Jr. siempre ha estado ligado a la polémica.

Trump Jr. reconoce que «en retrospectiva» hubiera hecho las cosas de forma distinta

Europa Press

El hijo del presidente de EE.UU. asegura que nunca le contó a su padre el encuentro con la abogada rusa porque «no había nada que contar»

Donald Trump Jr., hijo mayor del presidente de Estados Unidos, ha reconocido este martes que si tiene en cuenta el desarrollo de los acontecimientos, hubiera hecho las cosas de forma «un poco distinta» a como lo hizo, en referencia a su polémico encuentro con la abogada Natalia Veselnitskaya, próxima al Gobierno ruso, durante la campaña presidencial de su padre.

En entrevista con la cadena Fox, el hijo de Trump ha asegurado, además, que no le contó a su padre el encuentro con Veselnitskaya porque «no había nada que contar». Trump Jr. ha afirmado que el encuentro no fue «nada». «Ni siquiera me acordaba de él hasta que empezasteis a sacar estas cosas. Fue, literalmente, una pérdida de 20 minutos, una pena», ha asegurado, en sus primeras declaraciones tras publicar la cadena de mensajes que mantuvo con el publicista Rob Goldstone para fijar dicho encuentro.

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Conocido como «Donny», el primogénito del presidente y su primera esposa Ivana, ha sido un verdadero dolor de cabeza para unos padres que, entre escarceos amorosos y exclusivas, pertenecieron a la exquisita vida social neoyorquina. «Hay que ser honesto con uno mismo y yo no soy bueno con lo de la moderación», dijo sin pudor tras pasar once horas detenido por emborracharse en la vía pública, durante el Mardi Gras de Nueva Orleans.

Ocurrió en el 2001, durante el año sabático que el joven se tomó tras terminar sus estudios de Finanzas en la prestigiosa The Wharton School de la Universidad de Pensilvania. Después de meses dedicados a fiestas con amigos, viajes en yates de lujo y jornadas de esquí en Aspen, Colorado, Donald Jr. fue nombrado vicepresidente ejecutivo de la Organización Trump. Su gestión fue compartida con su hermano Eric, con quien se encargó de las licencias comerciales del imperio familiar. Entre otros proyectos, supervisaron las construcciones del famoso rascacielos 40 Wall Street o el prestigioso Trump International Hotel de Manhattan.

Asesor en «The Apprentice»

Años más tarde, en 2006, el vástago de los Trump probó suerte en el mundo de la televisión y participó como asesor en The Apprentice, el reality show que encumbró a su padre. Donald Jr. aprovechó así la fama que había adquirido meses antes tras su matrimonio con la exmodelo, Vanessa Haydon, quien actualmente es además madre de sus cinco hijos.

Fue ella quien ayudó a elevar el perfil público de Donald Jr. al introducirlo en el circuito de los eventos de primer nivel en Nueva York. Ese posicionamiento fue aprovechado después para ayudar en la campaña política de su padre. Se convirtió así en un asesor cercano al hoy presidente, cuyas labores han puesto al borde del precipicio a la nueva Administración.

Donald Trump jr. aceptó «encantado» la oferta rusa contra Clinton

Todo empezó el viernes 3 de junio de 2016, cuando EE.UU. afrontaba una de las campañas más encarnizadas de los últimos años. El reloj marcaba las 10:36 de la mañana cuando Donald Trump Jr. recibió un correo electrónico de un nombre que le resultó conocido. Se trataba de Rob Goldstone, un productor musical viejo amigo de su padre. «Buenos días, me acaba de llamar Emin y me preguntó si puede contactar contigo por algo realmente interesante. Una fiscal de Rusia se encontró con su padre Aras esta mañana y ofreció a la campaña de Trump algunos documentos oficiales e información que incriminaría a Hillary por sus tratos con Rusia, y podrían ser muy útiles para tu padre», escribió. Goldstone aseguraba que no se había dirigido directamente al magnate porque se trataba de «información sensible de alto nivel» y prefería tratarla primero con su hijo mayor.

Un ciudadano de bien, obediente de la ley, debía haber marcado en ese momento el teléfono del FBI y denunciar que Moscú intentaba interferir en el proceso electoral. En lugar de eso el primogénito de los Trump respondió veloz. Tan solo 17 minutos más tarde contestaba: «Gracias Rob, te lo agradezco. Si es así como lo dices, me encantaría, especialmente a final del verano».

Así es como comienza una cadena de correos que ayer Trump Jr., en aras de ser «totalmente transparente», se vio obligado a sacar a la luz en Twitter una vez que The New York Times, le informase de que los tenía en su poder. Las misivas se intercambiaron hasta el miércoles 8 de junio, justo un día antes de que ambos se encontrasen en la planta 25 del cuartel general de la campaña republicana, la Torre Trump de Manhattan. «Seremos probablemente Paul Manafort (el jefe de campaña), mi cuñado (Jared Kushner) y yo», concretó Trump Jr. en otro de los quince correos enviados y en los que ambos intentan coordinar el mejor modo para intercambiar la información.

A esas alturas los piratas informáticos contratados por Rusia llevaban un año hurgando en los servidores del Partido Demócrata. Un mes y medio después de ese primer encuentro con la letrada Natalia Veselnitskaya, que oficialmente no trabaja para Moscú pero representa a miembros de la oligarquía rusa, Wikileaks publicó los correos que intercambiaron altos miembros del Partido Demócrata mientras conspiraban para beneficiar la candidatura de Clinton frente a la de Bernie Sanders. Esta revelación, días antes de que comenzase en Filadelfia la convención que pretendía unir al partido en torno a Clinton, provocó un cisma entre los seguidores de ambos que a la larga resultaría crucial.

En este nuevo episodio de los presuntos vínculos del entorno del inquilino de la Casa Blanca con el Kremlin aparecen mencionadas dos nuevas figuras, la de Emin Agalárov y su padre, Aras. Este último es un magnate ruso que tuvo negocios con Trump en el pasado. Su hijo es un cantante de pop ruso cercano a Putin que también mantiene amistad con la familia del presidente. Es más, Trump apareció en uno de sus videoclips.

La abogada rusa negó ayer en NBC estar vinculada al Kremlin a pesar de que en los correos se menciona a una funcionaria del Gobierno ruso. Tras volver a rechazar haber tenido información dañina sobre Clinton, Veselnitskaya confesó que es «muy posible» que el hijo mayor del presidente esperase obtener ese tipo de información porque «ellos (la campaña del magnate) la querían desesperadamente».

La revelación ha caído como una bomba en Washington D.C. donde dos comisiones del Congreso, el FBI y un fiscal especial investigan las conexiones con Moscú: la correspondencia indica que el equipo más cercano a Trump aceptó coordinarse con el Kremlin para reventar la candidatura de su rival con la información que proporcionase Rusia. Tras las revelaciones que lo implican, Trump Jr. contrató al abogado Alan Futerfas, especializado en defender a figuras vinculadas con el crimen organizado y entre cuyos clientes han estado los Bonnano, Gambino, Genovese y Colombo, cuatro de las cinco familias de la mafia de Nueva York.

Los demócratas empiezan a hablar de «traición»

«Mi hijo es persona de altos atributos y aplaudo su transparencia», aseguró Trump en un comunicado leído por la portavoz adjunta de la Casa Blanca, Sarah Sanders. Fue la primera reacción desde la Avenida Pensilvania, cuyos funcionarios, a la defensiva, calificaron de ridículo que se hable de «traición» en relación con el caso.

Uno de los rostros que acuñó el término fue el ex compañero de fórmula de Clinton, Tim Kaine. «Esto se está convirtiendo en perjurio, declaraciones falsas e incluso potencialmente traición», dijo aludiendo no solo a Trump Jr., sino también a los otros asistentes al encuentro, Jared Kushner y Paul Manafort. Y es que aunque las investigaciones todavía no hayan probado nada, muchos apuntan a que lo descubierto y filtrado hasta el momento apunta a un caso que va más allá de la obstrucción a la justicia.

El estupor lleva semanas asentado en un Partido Republicano incapaz de avanzar en la agenda política. Ayer, el senador Lindsay Graham aseguró que ya son «demasiados» los indicios relacionados con la injerencia rusa y calificó los correos de Trump Jr. como «alarmantes». Su postura fue compartida por su compañero de filas, John McCain y por el número dos republicano en la Cámara Alta, John Cornyn, quien consideró que el primogénito del presidente «debería» testificar ante el Congreso.

Los riesgos legales a los que se enfrenta Trump Jr. no son desdeñables. Por un lado, esta la intencionalidad que mostró al acudir a la cita sabiendo que se le iba a proporcionar información potencialmente perjudicial para la campaña de Clinton. En este sentido, conviene destacar que las contribuciones de países extranjeros están prohibidas en períodos electorales. Aunque dichos datos no supusiesen una contribución monetaria, algunos tribunales podrían considerarla como algo de valor: «Hacer cualquier contribución, o donación de dinero, u otra cosa de valor», especifica la Comisión Federal Electoral de EE.UU.

En las últimas horas, varios medios han llamado la atención sobre el timing utilizado en la filtración a The New York Times. El rotativo publicó la primera información al respecto pocas horas después de la reunión entre Trump y Putin en la cumbre del G20, en Hamburgo. «Algo realmente malo y que no sabemos ocurrió en esa reunión. Estas filtraciones son el resultado de ello», apuntó la cadena MSNBC.

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