El Reino Unido se resiste a ajustar cuentas con la UE

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

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FRANCOIS LENOIR | REUTERS

«Están como en un túnel, no saben si seguir adelante o volver atrás», dice una fuente de Bruselas sobre los británicos

21 jul 2017 . Actualizado a las 08:09 h.

«El reloj sigue corriendo», apuntó ayer con ironía el ministro británico del brexit, David Davis, ante el serio semblante de su homólogo europeo, Michel Barnier. Lo hizo antes de poner el broche a la segunda ronda de negociaciones, tras una semana de conversaciones infructuosas que solo han servido para constatar que el Reino Unido no tiene un plan de divorcio. «Están como en un túnel, no saben si seguir hacia adelante o volver atrás», explica una fuente diplomática de Bruselas. Cuatro meses han transcurrido desde que activaron la palanca de salida y las negociaciones siguen encalladas. La razón no es otra que el dinero. El Gobierno de Theresa May admite que tendrá que ajustar cuentas con la UE, pero se niega a presentar sus cálculos a Barnier. 

la factura

Londres no hace los deberes. ¿A cuánto ascenderá el coste del divorcio? El francés aseguró ayer en rueda de prensa que, al margen de las cifras extraoficiales (60.000-100.000 millones de euros), la UE ha elaborado un informe completo sobre qué partidas habría que incluir en la cuenta que deberán abonar los británicos. ¿Qué hay de Londres? «En este momento no están en disposición de presentar su análisis», confiesan fuentes de la negociación. Davis se fue de Bruselas sin presentar los deberes. Barnier le exigió ayer «claridad» como requisito «indispensable para negociar y valorar si se han hecho los progresos suficientes» para pasar a la siguiente fase: la relación futura. 

«La salida ordenada que queremos exige saldar cuentas antes de nada», apostilló el galo. Sin embargo, queda mucho camino por andar. May busca la manera de explicar a los británicos una verdad tremendamente incómoda. Reino Unido tendrá que hacer un trasvase monumental de dinero a la UE para cubrir su participación en programas europeos, costear las pensiones de sus funcionarios comunitarios y hacer frente a préstamos y obligaciones. «Somos un país que cumple sus compromisos internacionales», garantizó Davis, uno de los defensores del brexit que abrazaron la tesis de que la pertenencia a la UE aparejaba más costes que beneficios al contribuyente británico. ¿Hará concesiones la UE para facilitar la labor a May? «Al final hará falta flexibilidad por ambas partes», dejó caer Davis. Pero Barnier no cayó en la red y se mostró contundente: «No ofreceremos concesiones. Es el Reino Unido el que decide salir de la UE. Una decisión muy grave con importantes consecuencias», zanjó. 

derechos ciudadanos

Sin avances a la vista. ¿Qué garantías se les darán a los 4.4 millones de ciudadanos europeos y británicos que residen a uno y otro lado del Canal de la Mancha? ¿Quién velará por ellos? Es una de las prioridades que blande la UE y no habrá acuerdo de salida si no se soluciona. Bruselas exigió a la delegación de 98 expertos británicos que detallen su plan para dar seguridad jurídica a los ciudadanos expatriados y sus familias. «Hicimos una oferta muy seria», defendió Davis en relación al documento que presentó May en la última cumbre europea, una propuesta «insuficiente» para los 27. «No vemos otra forma que ligar los derechos al Tribunal de Justicia de la UE», sostuvo Barnier, una opción que rechazan de pleno los británicos. 

las dos irlandas

Un campo de minas. Donde sí ha habido más acercamiento es en torno a qué hacer con la hoy invisible frontera que divide las dos Irlandas. El brexit impondría nuevas restricciones a la circulación de personas y bienes entre el Ulster y la República Irlandesa. Londres y Bruselas negocian con sumo cuidado este capítulo, como si se deslizasen por un campo de minas. Nadie quiere echar por tierra el acuerdo del Viernes Santo que puso fin al conflicto irlandés. «Queremos conservar el Área Común de Viaje y buscar soluciones legales para garantizar la cooperación en medio ambiente y agricultura», señaló Davis. Ni él ni Barnier pusieron sobre la mesa la disputa territorial abierta entre el Reino Unido y España en torno a Gibraltar. El contencioso histórico forma parte de las directrices de negociación en las que se concede a España capacidad de veto. La tercera ronda de negociaciones arrancará a finales de agosto. Barnier pidió ayer a los británicos que pongan orden y vengan con los deberes hechos. «El precio de la grandeza es la responsabilidad», les recordó parafraseando a Wiston Churchill.