Maduro consuma el autogolpe en Venezuela

El presidente coloca a una de sus leales, Delcy Rodríguez, como presidenta de la Constituyente


CARACAS / CORRESPONSAL

En medio de protestas y acusaciones de fraude, y prometiendo concordia en lugar de las amenazas previas de encarcelamiento de opositores, se instaló en Venezuela la Asamblea Constituyente, que al final, según parece, va a estar dirigida por la facción del chavismo que encabeza Nicolás Maduro. Su excanciller y cercana aliada Delcy Rodríguez será quien la presida. Este nombramiento consuma el éxito del autogolpe presidencial. Al menos, por el momento.

Los vicepresidentes, como en la Constituyente de 1999, serán Aristóbulo Istúriz, una figura de consenso dentro del chavismo, e Isaías Rodríguez, quienes tomaron juramento a los 545 constituyentes en un clima de recuerdos de hace 18 años, pero en un ambiente muy diferente.

Entonces, el chavismo encarnaba una esperanza nacional ahora convertida en repudio de la mayoría de la población y de prácticamente toda la comunidad internacional, incluyendo al papa Francisco, que ayer pidió «evitar o suspender» la Constituyente a través de la Secretaría de Estado de la Santa Sede.

El Vaticano había mediado en las conversaciones entre el Gobierno y la oposición hasta diciembre, cuando su canciller, Pietro Parolin, denunció el incumplimiento por parte del Gobierno de los acuerdos alcanzados en octubre del año pasado, y abandonó las conversaciones.

Hasta el momento, Maduro no ha respondido a la Santa Sede como han hecho con otros países, como Colombia, cuyo presidente, Juan Manuel Santos, lamentó, en el mismo momento en que se instalaba la Constituyente, estar en presencia de la «destrucción de la democracia en Venezuela»; y el argentino, Mauricio Macri, anunciaba que hoy Venezuela sería «suspendida definitivamente» de Mercosur, decisión de consenso que aún aguarda por la posición uruguaya, cuyo Gobierno de izquierdas simpatiza con el chavismo.

El presidente francés, Emmanuel Macron, propuso a su país como mediador en el conflicto y deploró la detención de los dirigentes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, el alcalde mayor de Caracas, que ayer fue devuelto a su residencia en la madrugada, con las mismas explicaciones (ninguna) con las que le sustituyeron el arresto domiciliario en el que lleva dos años y medio por prisión, con el misma pijama con el que se lo llevaron y sin saber dónde había estado, según denunció el diputado de su partido Richard Blanco.

Ledezma manifestó, a través de su esposa Mitzy Capriles, encontrarse en buen estado de salud, y lamentó la suerte de López y de los más de 600 presos políticos que hay en Venezuela.

La instalación de la Constituyente estuvo rodeada de abundante retórica pseudorevolucionaria en un salón del Parlamento cuya sede compartirá -por ahora- con la Asamblea Nacional a la que ha anunciado que aniquilará en cuanto le sea posible. 

«Fuera de lugar» las sospechas

La jura de los nuevos constituyentes se llevó a cabo tras dos aplazamientos y horas después de que un tribunal declarara «fuera de lugar» la denuncia de fraude interpuesta por la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, contra la proclamación de sus integrantes, que, según la empresa que provee las máquinas, Smartmatic, estuvo precedida de un fraude en la participación.

Rodríguez afirmó que habían vencido a «una minoría violenta que quiere destruir al pueblo», y advirtió que «no permitiremos intervencionismo» en Venezuela, en relación con los más de 50 países que han desconocido la Constituyente. En tanto, Fernando Soto Rojas, un veterano exguerrillero que presidió la formación de la asamblea, por ser el de mayor edad (78 años), afirmó que el objetivo de la Constituyente es «crear una sociedad de iguales, una sociedad sin clases, donde no existan ni opresores ni oprimidos», justificando así el pánico que en estos días se ha desatado en la ya caótica economía local.

La oposición, mientras tanto, convocó a manifestaciones en toda Caracas y ratificó su desconocimiento al organismo que impulsa Maduro, además de asegurar que no abandonará el palacio legislativo, donde continúan reuniéndose los 109 diputados de los partidos enfrentados al presidente y hasta ahora tres del chavismo disidente que anuncian que resistirán las decisiones del nuevo «suprapoder», como lo llama Maduro. Un «suprapoder» que por lo pronto tendrá muy cuesta arriba imponer ninguna decisión ante el rechazo interno y global.

Una economía en llamas y a la espera de peores noticias por la depreciación del bolívar

Mientras crece la incertidumbre política, la economía venezolana, que ya venía dando bandazos, ha entrado en pánico. Así, el dólar paralelo (conocido como dólar Today por la web que crea la referencia con el mercado del bolívar y el peso colombiano en la frontera entre ambos países), ha duplicado su precio en relación con la moneda venezolana, que hace una semana se cotizaba a 9.000 por dólar y hoy casi alcanza los 19.000, mientras la inflación obliga a fijar precios a diario y los economistas se temen que lo vivido hasta ahora por los venezolanos, en términos de sufrimiento, sea un preludio de lo que está por venir.

«Con la posibilidad de sanciones por parte de Estados Unidos, Venezuela podría ser en muy corto plazo un país como Haití», con niveles de pobreza (que hoy se ubican en 82%) «por encima de 90%. Esto básicamente significa que todos seremos pobres», advierte el economista Luis Oliveros.

Los precios ya están viviendo saltos diarios y, probablemente, en poco tiempo sean en horas. Un pan que el miércoles costaba 3.000 bolívares amaneció el jueves a 5.000 y la harina de maíz pasó de 12.000 a 14.000. Y todo en los mercados de estraperlo, porque la escasez no cede.

«Estamos viviendo un colapso sin precedentes», explica Ricardo Hausmann, el economista venezolano más importante de la actualidad, profesor en Harvard. El escenario de la economía venezolana solo es comparable, y desfavorablemente, con el de países en guerra.

Anova se posiciona a favor del chavismo y acusa a la oposición de «recurrir á violencia»

Anova, que forma parte de En Marea, se posicionó ayer a favor del chavismo y ataca a la oposición acusándola de «estar ao servicio da oligarquía e recurrir á violencia e a sabotaxe» contra el régimen de Maduro, a pesar de que la práctica totalidad de los más de cien muertos que se contabilizan en las protestas son personas desarmadas asesinadas por las fuerzas de seguridad o los colectivos paramilitares.

Anova, en línea con otros partidos radicales, sostiene que la oposición venezolana «intenta deslexitimar eleccións limpas co aplauso dos Estados Unidos, Europa e España, contando cos mesmos apoios das forzas e corporacións multinacionais que encheron Latinoamérica de ditaduras militares e gobernos fascistas».

Esta escisión del BNG se reconoce «sen peros, aliada da independencia venezolana, da súa soberanía nacional e, coma non podía ser doutra forma, da unidade popular revolucionaria. Porque nós somos, como a revolución bolivariana é, antiimperialistas».

Además, el portal Vozpópuli publicó ayer que la parlamentaria de Podemos Magda Barahona participó en un acto de apoyo a la Constituyente en el consulado de Venezuela en Vigo el pasado 31 de julio.

 

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