Corea del Norte busca provocar a EE.UU. con su último misil

Piongyang tiene capacidad para golpear la isla de Guam


pekín / e. la voz

Las sirenas volvieron a sonar en la isla japonesa de Hokkaido para alertar de que un misil norcoreano sobrevolaría las casas. Era la segunda vez en menos de tres semanas que la población de este enclave del norte de Japón se despertaba sobresaltada por una provocación de Piongyang. Una respuesta a la nueva tanda de sanciones ordenada por la ONU, el proyectil no solo transportaba un mensaje de alerta para Tokio. Se dirigía sobre todo contra Washington, a la que Kim Jong-un quiere poner a prueba para analizar su capacidad de respuesta ante el peligro al que están expuestos sus aliados, según apuntan varios expertos.

El misil, un Hwasong-12 de rango intermedio según los primeros análisis, alcanzó una altura de 770 kilómetros y recorrió una distancia de 3.700 kilómetros. Esto confirmaría que tiene capacidad para golpear la isla de Guam, situada a 3.400 kilómetros de la península coreana y en la que EE.UU. cuenta con dos bases militares estratégicas.

Al mismo tiempo que dirigía su misil a territorio nipón, Piongyang amenazaba a Washington a través de un editorial en el periódico oficial Rodong Sinmun. «Si EE.UU. no escucha nuestro consejo y continúa como hasta ahora, nuestra respuesta de autodefensa será más intensa», amenazó. En el mismo texto el régimen alardea de haber puesto a todo el territorio estadounidense «en el camp de batalla con las pruebas exitosas de dos misiles balísticos intercontinentales», ambas ejecutadas en julio.

Seúl se harta

Lejos de ser un proyectil más que sumar a la larga lista de desafíos norcoreanos, 22 misiles en 15 lanzamientos en lo que va de año, este último ha provocado un giro radical en el discurso del presidente surcoreano. Moon Jae-in, fiel defensor de negociar con su vecino, afirmó este viernes que el diálogo es «imposible» y sorprendía con una dura advertencia a Piongyang. «En el caso de que Corea del Norte emprenda provocaciones contra nosotros o nuestros aliados, tenemos el poder para destruirla e impedir que se recupere», declaró.

Este cambio de discurso de Seúl es bienvenido por sus aliados Japón y, especialmente, EE.UU. El presidente norteamericano, Donald Trump, ya había advertido a su homólogo surcoreano de que «el diálogo no es la respuesta» después de la tensa guerra dialéctica que mantuvo con Kim Jong-un en agosto.

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, y el primer ministro nipón, Shinzo Abe, pidieron a China y a Rusia que ejerzan más presión sobre Piongyang restringiendo los suministros de combustible. Por su parte Pekín respondió, a través de una portavoz de su ministerio de Exteriores, sin condenar explícitamente el lanzamiento. «El foco del conflicto no es China ni tampoco es la que está creando las tensiones. Las partes implicadas debe actuar con responsabilidad para reconducir la situación», indicó. La UE, por su parte, amplió ayer las sanciones contra Piongyang.

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