Un Seat 600 para atravesar África

Llega hoy a las librerías la crónica de la expedición que un grupo de aventureros españoles realizó en 1971 cruzando el continente de norte a sur en aquel básico pero mítico utilitario


Redacción / La Voz

No es una epopeya de viajes al uso, por momentos más parece una gamberrada, audaz, admirable y divertida, pero una gamberrada. Un periplo insólito que llevó a un grupo de seis amigos a tratar de, partiendo de Madrid, cruzar África de norte a sur. Fue en 1971. Amadrinados por la reina Sofía, los jóvenes -liderados por Álvaro Campos, gran ideólogo del proyecto y que hoy cuenta 76 años- se valieron de un vehículo muy particular, un símbolo del desarrollismo franquista pero también un icono social y un elemento clave en la educación sentimental de varias generaciones de españoles: el Seat 600.

Esta desconocida peripecia sale ahora, 45 años después, del baúl de los recuerdos gracias a la iniciativa del propio Campos y del sello gallego Ediciones del Viento, más proclive a publicar libros de viaje clásicos. Coincidiendo además con la celebración del 60.º aniversario del nacimiento del 600 en 1957, la narración del coronel del Ejército retirado Campos cobra formato de libro, reforzada por un embellecedor y doble apoyo gráfico: las viñetas realizadas por el dibujante José Pablo García, de evocador acento belga, con Tintín en la retina; y los fotogramas extraídos de la filmación en súper-8 que efectuaron los propios miembros de la expedición, una película que, a pesar de que se halla muy deteriorada, conserva un poderoso valor documental.

Eduardo Riestra, el editor, admite que, aunque no entra en los objetivos de su catálogo, cayó rendido ante esta seductora aventura, que además, dice, «está muy bien escrita y posee un excelente ritmo narrativo». También pesó, añade, que aquel viaje se hiciese en tres Seat 600, un coche que está indeleblemente asociado a la infancia y los recuerdos de muchos españoles. «Es asombroso que aquel pequeño utilitario, un vehículo modesto, con una mecánica de serie, aguantase semejante travesía por desiertos, barrizales, zonas selváticas y caminos intransitables. Incluso tuvieron que hacer algunos tramos marcha atrás», explica.

El Grand National, en un poni

Eran automóviles urbanos, reseña el periodista y prologuista Germán Sánchez, «minúsculos, de 29 caballos de potencia y tracción a dos ruedas, que hoy vemos como cochecitos de carrusel de un parque de atracciones». Parecía imposible, pocos creían en el éxito de la expedición. «Es como intentar correr el Grand National con un poni», les advirtió un escéptico Félix Rodríguez de la Fuente cuando lo consultaron durante los preparativos.

Pero llegaron a Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Solo dos de los tres 600 y cuatro de los seis expedicionarios que partieron de Madrid. El resto desertó de forma más o menos pactada a la altura de Camerún, llevándose uno de los vehículos y parte del equipo y los fondos económicos. Las tensiones de la aventura habían quebrado parcialmente la hermandad inicial. El infierno del desierto había desnudado algunas debilidades. Pero esa es otra historia. Y está, claro, en el libro.

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