El fiscal general de EE.UU. se enreda en el Rusiagate al recordar ahora contactos

El hijo mayor de Trump intercambió mensaje con WikiLeaks durante la campaña


Nueva York / Corresponsal

Cuando Jeff Sessions se sentó por primera vez frente al Senado durante el proceso de confirmación para su nombramiento como fiscal general de EE.UU., rechazó de plano las sospechas sobre sus contactos con agentes rusos durante las elecciones. «No», respondió el entonces senador por Alabama a cada una de las preguntas al respecto, por parte de los legisladores. Mintió.

Sessions no solo se reunió con el exembajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak, en al menos dos ocasiones durante la campaña, sino que además George Papadopoulos, exfuncionario de la campaña republicana, le informó de que estaban en contacto con el Kremlin para organizar una reunión entre Donald Trump y Vladimir Putin. Papadopulos es uno de los tres detenidos en el marco del Rusiagate y el único que se ha declarado culpable de haber mentido al FBI.

«Creo que le dejé claro [a Papadopoulos] que no estaba autorizado para representar a la campaña [de Trump] ante el Gobierno ruso. Rechacé su sugerencia porque pensé que era incorrecta», explicó el martes Sessions, tras confesar que no había hablado de ese episodio antes porque no lo recordaba. Fueron las informaciones de la prensa las que refrescaron su memoria y es por ello que en su nueva comparecencia ante la Comité Judicial de la Cámara de Representantes, el fiscal general negó haber cometido perjurio a pesar de la constante presión de los congresistas.

Una especie de amnesia temporal también le afectó cuando se le preguntó sobre que otro antiguo asesor de campaña, Carter Page, que afirma haberle informado de un inminente viaje a Moscú. Sessions dijo que no recordaba la conversación y achacó al «caos» de la campaña su mala memoria.

Tras horas de comparecencia, la tensión no hizo más que crecer cuando Sessions prometió que decidirá pronto si abre una investigación a Hillary Clinton por las donaciones que recibió de su fundación y por un acuerdo con Rusia sobre la venta de uranio. La posibilidad de nombrar a un fiscal especial para una investigación al respecto es una vieja demanda de Donald Trump, furioso con Sessions por haberse recusado de las pesquisas del Rusiagate y haber facilitado así la entrada de Robert Mueller. Pero el anuncio del exsenador despertó la preocupación sobre la independencia judicial y si las presiones de Trump podrían ser un caso de obstrucción a la justicia.

Por si la maraña no estuviese lo suficientemente enredada ya, los comités que investigan la trama rusa han recibido una serie de mensajes que prueban el contacto entre el hijo mayor del presidente, Donald Trump Jr. y Wikileaks, el portal que publicó los correos contra Clinton que piratas rusos hackearon al jefe de la campaña demócrata, John Podesta.

Victoria deseada

La relación entre ambos se inició el 20 de septiembre del 2016 y se prolongó durante meses. «Hey Don, si tu padre pierde creemos que es mucho más interesante si no lo admite y pasa algún tiempo enfrentándose a los medios», escribió Wikileaks en uno de sus mensajes el día de las elecciones. Esta nueva revelación publicada por The Atlantic supone otro problema para la familia presidencial y deja en evidencia que la web de Julen Assange, lejos de resultar imparcial, buscó la victoria del magnate.

May arremete contra Putin por su injerencia en las elecciones de Occidente

«Sabemos lo que están haciendo. Y no lo conseguirán». La advertencia vino de Theresa May, después cargar sin contemplaciones contra los actos «hostiles» de Rusia que busca «socavar las sociedades libres» divulgando «historias falsas» para «sembrar la discordia» en Occidente». La primera ministra británica acusó a Vladimir Putin de entrometerse en elecciones de otros países, de espionaje cibernético y de divulgar noticias falsas en su medios afines. El Kremlin reaccionó acusando a May de elegir a Rusia como «el enemigo exterior que necesita para distraer a la opinión pública», en momentos en que el Reino Unido no atraviesa por su mejor momento por el brexit.

En un banquete celebrado la noche del lunes en la City de Londres, la jefa del Gobierno lanzó el ataque más duro contra Rusia desde que asumió el poder el año pasado. Dijo que el Gobierno de Putin busca perjudicar a las sociedades libres, si bien puntualizó que el Reino Unido no quiere una «eterna confrontación» con Rusia. «Rusia ha violado de manera reiterada el espacio nacional de varios países europeos y ha llevado a cabo una campaña sostenida de espionaje cibernético», dijo la líder conservadora.

«Esto ha incluido la intromisión en elecciones y el ataque [cibernético] del Ministerio de Defensa danés y el Bundestag (Parlamento alemán), entre muchos otros», agregó. «Nosotros sabemos lo que está haciendo y no lo conseguirá. Porque usted subestima la resistencia de nuestras democracias», advirtió.

Este ataque de May contrasta con la posición de Trump, quien la semana pasada dijo que creía a Putin cuando este negó haber intervenido en las elecciones presidenciales de EE.UU. del 2016.

En cambio, Holanda se sumó a las denuncias europeas sobre los «peligrosos intentos» de Rusia por influir en la opinión pública utilizando noticias falsas y aumentando los ciberataques. «Holanda se encuentra en el punto de mira de los servicios de inteligencia rusos. El Gobierno hablará con las partes (Facebook, Google y Twitter) para ver cómo se puede contrarrestar la influencia política encubierta», dijo ayer la ministra neerlandesa de Interior, Kajsa Ollongren.

El acceso del presidente a los códigos nucleares, a debate

Por primera vez desde la Guerra Fría, el Senado de EE.UU. debatió el martes sobre los poderes presidenciales en materia nuclear. Tras las amenazas de Donald Trump de «desplegar fuego y furia» contra el régimen de Kim Jong-un, muchos políticos comenzaron a expresar sus preocupaciones sobre que una posible «inestabilidad» del presidente abocase al país a una guerra nuclear con consecuencias insospechadas.

Es más, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores que ayer debatió sobre este asunto fue Bob Corker, el republicano que hace un mes acusó a Trump de poner a EE.UU. «en el camino de la Tercera Guerra Mundial». «La capacidad del presidente para iniciar un conflicto ha crecido en una época de tecnología avanzada», lamentó Corker, cuestionando por segunda vez la autoridad del magnate para lanzar un ataque sin la autorización del Congreso. Expertos militares y políticos declararon en una audiencia en la que las explicaciones sobre los códigos nucleares se entremezclaron con risas nerviosas de algunas de las figuras con más poder del país, testigos a su vez de la escalada de tensión de los últimos meses.

El freno a Corea del Norte en cuanto a su arsenal nuclear se refiere, fue uno de los objetivos marcados por Trump durante sus doce días de viaje por Asia. Una gira que terminó ayer y que lejos de suponer un triunfo para el neoyorquino, ha evidenciado la menor influencia del republicano en la esfera internacional. Tanto es así que en la contienda con Pionyang, el presidente de EE.UU. no consiguió públicamente ningún compromiso de Pekín, ni tampoco constató ningún logro comercial de peso.

La cúpula republicana exige a Moore que se retire de la contienda electoral

El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, se unió ayer a otros pesos pesados de su partido al pedir que Roy Moore, candidato al Senado por Alabama, que se retire de la contienda electoral después de que cinco mujeres lo acusaran de acoso sexual. «Debería hacerse a un lado», dijo Ryan. «En primer lugar, las alegaciones son creíbles. En segundo, si se preocupa por los valores por los que asegura que se preocupa, entonces debería retirarse», agregó. Moore, un exjuez ultraderechista y cristiano evangélico, fue acusado por cinco mujeres de haber abusado sexualmente de ellas cuando eran adolescentes y él rondaba la treintena. Ryan se sumó así al líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, y a otros cinco senadores.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

El fiscal general de EE.UU. se enreda en el Rusiagate al recordar ahora contactos