Europa sale en defensa de su agricultura ecológica

Los Veintiocho endurecen las reglas de etiquetado para los productos importados de terceros países


bruselas / corresponsal

La economía verde sigue batiendo récords. No solo en Galicia, donde la facturación aumentó en el último ejercicio en un 25 %. España ya está situada como quinta productora mundial de alimentos ecológicos -tanto en acuicultura como en agricultura y recogida de algas- y en el conjunto de la Unión Europea, productores, transformadores e importadores siguen apuntalando el liderazgo europeo. Desde 1999 se ha multiplicado por cuatro el mercado mundial de alimentos ecológicos, y en la última década se ha duplicado el espacio dedicado a la agricultura sostenible. En el 2002 eran cinco millones de hectáreas. En el 2015 se contabilizaron 11,1.

El potencial del sector es «muy grande», admite Bruselas. Y como en cualquier nicho donde hay márgenes de beneficio, la UE se ha volcado en proteger su mercado evitando la competencia desleal con normas más claras y estrictas para el etiquetado. «La confianza del consumidor es crucial. A largo plazo, las normas que no son fiables pueden poner en peligro la confianza pública y llevar al mercado al fracaso», asegura el texto del nuevo acuerdo regulatorio europeo al que esta misma semana se dio el visto bueno en la Comisión de Agricultura de la Eurocámara.

Las nuevas reglas de juego quieren evitar el descontrol y el fraude en este mercado. La UE exigirá que los productos importados desde terceros países se sometan a los mismos estándares que los europeos. Se acabaron las trampas a costa de las denominadas «reglas de equivalencia» que permitían a productores foráneos exportar sus productos ecológicos a la UE cumpliendo normativas similares, pero no exactas a las comunitarias, dejando un amplio margen a la interpretación. 

Nuevos productos

El catálogo ecológico también se abre a nuevos productos como la sal, el corcho, la cera de abejas y las hojas de vid. Los transformados, como los piensos, deberán estar compuestos de ingredientes agrícolas «exclusivamente ecológicos». Es más, se le retirará la etiqueta a aquellos operadores que no elaboren planes de prevención adecuados para evitar que sus productos se contaminen de forma deliberada o por negligencia con pesticidas o sustancias no aceptadas.

Con el nuevo reglamento arranca la cuenta atrás para eliminar de forma progresiva las exenciones de los Estados miembro a ciertos productos. La UE quiere asegurarse de que se le concede la etiqueta a los que realmente lo merecen y que se promueve el desarrollo de semillas propias fuera del circuito de las grandes multinacionales. Hasta ahora existían 28 regímenes diferentes para evaluar y extender el sello, y para imponer sanciones. Esto generó problemas de competencia desleal entre socios europeos.

La reforma está pendiente de recibir la luz verde del Parlamento europeo en abril del 2018. Algunos eurodiputados cuestionan el alcance de las medidas. La diputada de AGE, Lidia Senra (que fue productora ecológica), lamenta que solo se pudiese alcanzar un «acordo de mínimos» y que la UE no haya defendido el valor social de la agricultura ecológica: «Para nós, a agricultura ecolóxica ten que ir máis aló, non pode entrar no comercio global de alimentos, senón basearse na produción de proximidade e de tempada. Até que punto podemos considerar como ecolóxico un alimento que presenta o forte impacto medioambiental derivado do seu traslado a milleiros de quilómetros?», se pregunta tras abstenerse en la votación de la propuesta.

El presidente del Consello Regulador de Agricultura Ecolóxica, Francisco López Valladares, apela a la prudencia antes de valorar el texto, a la espera de su aprobación final. Si reconoce que era necesaria su modificación «para adaptarla a los cambios habidos en los últimos años» y confía en que el texto definitivo unifique criterios y no dé lugar a posibles interpretaciones entre los diferentes consejos reguladores, informa Dolores Cela.

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