El escándalo sexual de Oxfam saca a la luz los abusos en otras oenegés

La organización británica ha perdido en menos de una semana 1.200 socios en España


redacción / la voz

La polvareda que ha levantado el escándalo de la contratación prostitutas por parte de directivos de Oxfam en Haití ha hecho que muchos socios se den de baja en la organización, escandalizados por la deriva de los fondos que donan altruistamente. Sin ir más lejos, en España la cifra ronda los 1.200 solicitantes, un número similar al de las personas que en el Reino Unido han pedido ya desvincularse de la entidad. Pero además, la revelación de The Times ha sacado a la luz que esta organización humanitaria no es la única que ha tenido que lamentar que sus trabajadores hayan abusado sexualmente de otros empleados o de mujeres locales en zonas de cooperación. De hecho, el propio Roland van Hauwermeiren, el jefe de Oxfam en Haití que se llevaba prostitutas a la vivienda que la entidad le cedió en el país caribeño, ya había sido apartado de la oenegé Merlin por seguir una conducta similar.

Los datos recabados por Thomson Reuters Foundation, el brazo filantrópico de la agencia de información, dejan una desoladora realidad. A colación del movimiento #MeToo preguntó a varias organizaciones en noviembre por casos de abusos a mujeres en sus entidades, cuyas respuestas se conocieron este miércoles. No todas quisieron aportar información -como Cruz Roja o Plan Internacional-, pero las que dieron la cara dejaron patente que la política de agresión sexual no está exenta en el sector humanitario. Además de Oxfam, entidades como Save the Children o Médicos Sin Fronteras tuvieron que hacer frente el pasado año a 16 y 20 casos respectivamente. Esta última oenegé actualizó este miércoles estos datos y añadió cuatro situaciones más de conductas negligentes. Concluyó que fueron 24 los acusados de «hostigamiento sexual», de los cuales 19 fueron despedidos. Médicos Sin Fronteras entonó el mea culpa: «MSF es consciente de que no se reportan todos los casos», reconoció la organización aludiendo a que estos datos no incluyen los «casos gestionados directamente sobre el terreno y no señalados a la sede».

Con esta información sobre la mesa, la financiación pública -de Gobiernos y de la Unión Europea- que reciben estas oenegés puede pender de un hilo. De ahí que muchas se hayan mostrado reticentes a dar datos sobre la conducta inapropiada de sus trabajadores. Esta ley del silencio saltó este jueves por los aires cuando Farah Karimi, la directora de la filial de Oxfam en Holanda desveló que era conocedora de la conducta sexual inapropiada de los empleados británicos en Haití, pero que no lo denunció porque «eso le correspondía a la filial británica». En La Haya recibieron el informe en el que se detallan los abusos para averiguar si fondos del país habían sido destinados a pagar prostitutas.

Desconfianza de las empresas

Una vez con las cartas sobre la mesa, la desconfianza en Oxfam tiene pocos visos de revertir. Así lo han hecho saber, más allá de los socios, las compañías que colaboran con Oxfam en el Reino Unido. El aeropuerto de Heathrow, Visa y la multinacional Marks and Spencer ya han reconocido que están meditando qué medidas tomarán respecto a la oenegé. La actriz británica Minnie Driver, sin embargo, fue más tajante y comunicó en Twitter que abandonaba su cargo como embajadora de la entidad. Poco después de su mensaje, la organización aseguró que la organización está ahora «más comprometida que nunca a aprender de los errores».

Esto es precisamente lo que espera de Oxfam y del resto de oenegés el Ministerio de Desarrollo Internacional británico: compromiso. Lo comunicó este miércoles la jefa de este departamento, Penny Mordaunt al reclamar «un cambio de procedimientos» y que «el personal rinda cuentas de sus acciones».

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