Únicamente los líderes bolivarianos acuden a la llamada de Maduro

El presidente venezolano inicia su campaña con un homenaje a Chávez en el quinto aniversario de su muerte

EFE

caracas / corresponsal

Cinco años después de la muerte de Hugo Chávez, los venezolanos se sorprenden de que el movimiento político que creó se mantenga en el poder. Nicolás Maduro le tomó el testigo tras no poder superar un cáncer, y este lunes invitó a más de 300 personalidades de la izquierda mundial a un acto en Caracas que sirvió, más que para recordar al mandatario, para solidarizarse con su sucesor, que ha visto cómo la influencia del chavismo se ha reducido notablemente.

Solo los mandatarios más cercanos (Evo Morales, de Bolivia; Raúl Castro, de Cuba; y Daniel Ortega, de Nicaragua) se presentaron en la capital venezolana para acudir al acto «Todos somos Venezuela». Los presentes en el encuentro rechazan la «agresión» que, a su parecer, sufre el Gobierno de Maduro, víctima de las sanciones a funcionarios establecidas por Estados Unidos y la Unión Europea.

En general, los ciudadanos del país reaccionaron con indiferencia a la campaña de los medios oficiales a favor del presidente fallecido el 5 de marzo del 2013, y también de su sucesor. La preocupación de la mayoría, al menos en Caracas, fue sobrellevar el apagón que sufrió la capital, el tercero en tres meses, que duró varias horas. La prensa opositora y latinoamericana destacó, por su parte, que un lustro después de la muerte del autoritario mandatario, Venezuela no es solo más pobre que entonces, sino que tiene menos solvencia económica que en 1999, cuando este tomó el poder por la vía electoral.

Además, Maduro se encontró un país con un 40 % de población en situación de pobreza. Una cifra que ha ascendido hasta el 90 %. Otro dato relevante es la hiperinflación que sufre Venezuela (caso único en el mundo actualmente), después de que a lo largo de un decenio de altísimos precios petroleros percibiera 1,5 billones de euros de renta por concepto de hidrocarburos, que se diluyeron en una rampante corrupción.

Venezuela: tiempos de hambre, desesperanza y desesperación

Julio Á. Fariñas

El 2017 pasará a la historia de Venezuela como uno de los años más negros desde su nacimiento como república independiente. Las perspectivas del que acaba de comenzar, según los analistas no pesebristas, son de lo más pesimista. Todo apunta a que, salvo un milagro, la situación irá a peor. Y todo lo que se le ocurre al inquilino del palacio presidencial de Miraflores y si cohorte es inventar su criptomoneda y amagar con comprar -léase expropiar- el primer banco privado del país.

A las víctimas de la violencia crónica de las últimas décadas, que en 2017 siguió ocupando el segundo puesto en el ránking mundial, se le sumarán este año las del hambre, la falta de medicamentos y las de los naufragios de los balseros que arriesgan sus vidas en las aguas del Caribe, escapando de la crisis rumbo a las islas próximas. Solo la semana pasada murieron cuatro personas en los saqueos a supermercados y otras cinco de una lancha que naufragó cuando intentaba alcanzar las playas de Curazao con 35 personas jóvenes a bordo, entre ellas una mujer embarazada.

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