Poniendo puertas al Campo de Gibraltar

La droga requisada es tanta que hay lista de espera para incinerarla y se acumula en búnkeres altamente vigilados

Segundo dique levantado en el río Guadarranque para frenar el flujo de lanchas
Segundo dique levantado en el río Guadarranque para frenar el flujo de lanchas

algeciras / la voz

«Un alijo dura tres minutos. Ni un segundo más. Es lo que necesitan para meter en varios vehículos los 2.000 o 3.000 kilos de hachís que llegan en planeadoras y desaparecer. Hasta que no lo ves, no crees que sea posible mover todos esos fardos en tan poco tiempo. Pero sí lo es. Perfeccionaron la técnica hasta el punto de que ahora usan un tercer vehículo pensado por si aparecemos nosotros -expone una responsable de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) destinada en la bahía de Algeciras-. Su cometido es embestirnos para abrir hueco al que lleva la mercancía... Y que no saquen una pistola pensando que queremos robarles, entonces sí que se lía».

Así está el patio de trabajo para las fuerzas del orden en la principal trinchera del narcotráfico en Europa, la bahía de Algeciras o Campo de Gibraltar. El desmadre se sucede desde hace 20 años y resulta difícil entender por qué no se aplicó, hasta hace más bien poco tiempo, la presión policial mínimamente necesaria para intentar frenar el problema. Y es que, atendiendo solo a las aprehensiones hechas en esta comarca, se puede llegar a creer erróneamente que el caso gallego no pasa de ser una mera anécdota.

«Eran tantas, y a todas las horas del día, las planeadoras que descargaban en los llamados narcoembarcaderos de la desembocadura del río Guadarranque que se optó por cerrarla. Se pusieron columnas de hormigón gruesas que duraron pocos días. Las destrozaron y fue necesario colocar otra barrera de cemento nueva. Pero siguen entrando con barcas mucho más pequeñas. Es lo más parecido que he visto a ponerle puertas al campo: en Galicia no creo que se llegase a esto nunca, o por lo menos nunca lo oí».

En la citada desembocadura, en el ecuador de la bahía de Algeciras, se ubica a muy poca distancia la población de Palmones, con una larga playa que recorre parte de este acotado litoral circular.

«Todas las casas en primera línea de playa fueron compradas por narcos. Las adaptaron para esconder lanchas, vehículos y alijos. No puede ser más fácil hacer la descarga. Las planeadoras llegan y tienen el almacén a 20 metros. Muchas viviendas ya se registraron y descubrimos que todo estaba adaptado para su trabajo con sistemas de videovigilancia».

Los accesos a las playas se cerraron al tráfico rodado para evitar que los coches carguen alijos
Los accesos a las playas se cerraron al tráfico rodado para evitar que los coches carguen alijos

La situación se agravó tanto que las fuerzas del orden y las Administraciones acordaron colocar diques de hormigón en cada acceso rodado en las playas de la comarca para evitar que los todoterrenos pisen la arena. Pero ni poniendo puertas al campo se frena la importación en planeadoras de hachís desde Marruecos. Tanto es así que los búnkeres de los edificios oficiales de las fuerzas de seguridad en la zona acumulan decenas de fardos a la espera de que las incineradoras operativas, y saturadas por la carga de trabajo, soliciten nuevas partidas para hacer espacio a las que están por llegar.

«Hay barriadas con delincuencia generalizada; se hereda de abuelos a nietos»

J. R.
Luis Esteban, comisario de la Policía Nacional en Algeciras
Luis Esteban, comisario de la Policía Nacional en Algeciras

Luis Esteban, comisario de Algeciras, pone en valor a esa mayoría honrada y residente en la bahía que soporta el estigma del narcotráfico

Luis Esteban (Zaragoza, 1972), como máximo responsable de la comisaría de Policía Nacional en Algeciras, no se desvía del discurso institucional y, como vecino adoptivo de la zona, pone en valor a esa mayoría honrada y residente en la bahía de Algeciras que soporta el estigma del narcotráfico que sostiene una minoría ruidosa.

?¿Actúan juntas o por separado estas organizaciones?

?Cada grupo tiene su gran jefe, que pone la logística, pero luego comparten servicios comunes, sobre todo para organizar un único sistema de vigilancia coordinado que sirva a todos por igual en una franja horaria pactada previamente. Así abaratan costes. También contratan por separado a los pilotos, la nave o la casa para esconder la mercancía, incluso la vigilancia de los alijos. Son igual que subcontratas.

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