Trump siembra dudas sobre la cumbre con Kim Jong-un en junio

Las exigencias de que Corea del Norte se desnuclearice sin condiciones ponen en peligro las negociaciones


nueva york / corresponsal

A tres semanas del histórico encuentro entre EE.UU. y Corea del Norte, Donald Trump sembró ayer serias dudas de que vaya a producirse. «Puede que no salga adelante lo del 12 de junio», dijo el presidente desde el despacho oval sentado junto a su homólogo surcoreano Moon Jae-in. «Si no tiene lugar, tal vez se produzca más tarde», añadió enigmático.

La presencia del presidente de Corea del Sur en Washington tenía por fin, precisamente, pulir los detalles del encuentro programado entre Trump y Kim Jong-un en Singapur. «Nunca se sabe lo que ocurre con los acuerdos», deslizó el estadounidense. Horas antes y a diferencia de lo dicho por el magnate, el consejero de Seguridad Nacional de Corea del Sur, Chung Eui-yong, aseguraba que «hay un 99,9 % de posibilidades de que se mantenga la cumbre» en la fecha y el lugar marcados previamente.

La disparidad en ambos discursos es el resultado de la complejidad de unas negociaciones cuyas dificultades, extraordinarias de por sí, se han visto agravadas por la interferencia de uno de los pesos pesados del ala oeste. John Bolton, el consejero de Seguridad Nacional considerado un halcón de línea dura, es para muchos el hombre que está poniendo en peligro la cumbre. Su insistencia en que la desnuclearización de la península norcoreana debe llevarse a cabo sin condiciones está desagradando al régimen comunista tal y como se demostró hace pocos días. «Vamos a tener que reconsiderar si aceptamos la cumbre», manifestó el viceministro de Exteriores norcoreano Kim Kye Gwan. El desagrado con las posiciones de Bolton es tal que, según varios analistas, Corea del Sur también estaría molesta por su sugerencia de aplicar el modelo libio a Corea del Norte.

Mientras Piongyang asegura que desconfía de Washington por haber desestabilizado el país norteafricano tras su desnuclearización [después de entregar el programa nuclear del país a cambio de flexibilizar las sanciones económicas, Gadafi fue derrocado y asesinado por rebeldes respaldados por EE.UU.], Trump insistió en que «hay ciertas condiciones que queremos que se produzcan». «Creo que las conseguiremos y, si no, no tendremos reunión», zanjó tras garantizar que si Kim Jong-un acepta dichas premisas tendrá dinero y seguridad. «Garantizaremos su seguridad. Estará seguro, será feliz y su país será rico», auguró Trump en el caso de que el norcoreano acate sus premisas.

Es probable que las dudas expresadas ayer desde la Casa Blanca sean además el resultado de que el presidente de EE.UU. esté buscando garantías por parte del presidente Moon de que la diplomacia iniciada con Corea del Norte en enero no terminará en fracaso. Expertos surcoreanos confirmaron a The New York Times que todavía existen muchas lagunas en términos de negociación.

Los republicanos del Congreso tendrán información clasificada del FBI sobre el Rusiagate

Funcionarios de la Casa Blanca y congresistas republicanos se reunirán en una fecha próxima sin determinar para revisar información clasificada sobre Stefan Halper, la fuente que informó al FBI sobre los vínculos rusos que tenían varios exasesores de Trump durante la campaña electoral. Así lo confirmó el jefe de gabinete John Kelly después de que el lunes el vicefiscal general, Rod Rosenstein, y el director de la agencia, Christopher Wray, acordasen este movimiento con el beneplácito del propio presidente.

La decisión ha sido vista en algunos sectores como una concesión del departamento de Justicia que, en un principio, se había mostrado reacio a entregar a los republicanos el material sobre el informador del FBI del que dispone. Otras voces sin embargo, apuntan a que podría tratarse de una maniobra burocrática para proteger otro tipo de documentación bastante más importante sobre si la campaña del hoy presidente se coordinó efectivamente con el Kremlin para perjudicar las opciones electorales de su rival demócrata en la campaña, Hillary Clinton.

En paralelo, el departamento de Seguridad Nacional y el FBI pidieron ayer a Capitol Hill trabajar juntos contra las amenazas de injerencia extranjeras de cara a los comicios legislativos de noviembre.

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adriana rey

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A tres semanas del histórico encuentro entre EE.UU. y Corea del Norte, Donald Trump sembró ayer serias dudas de que vaya a producirse. «Puede que no salga adelante lo del 12 de junio», dijo el presidente desde el despacho oval sentado junto a su homólogo surcoreano Moon Jae-in. «Si no tiene lugar, tal vez se produzca más tarde», añadió enigmático.

La presencia del presidente de Corea del Sur en Washington tenía por fin, precisamente, pulir los detalles del encuentro programado entre Trump y Kim Jong-un en Singapur. «Nunca se sabe lo que ocurre con los acuerdos», deslizó el estadounidense. Horas antes y a diferencia de lo dicho por el magnate, el consejero de Seguridad Nacional de Corea del Sur, Chung Eui-yong, aseguraba que «hay un 99,9 % de posibilidades de que se mantenga la cumbre» en la fecha y el lugar marcados previamente.

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