Primer asalto por la paz mundial

El cara a cara entre Trump y Kim Jong-un impulsará el desarme nuclear en la península coreana y desactivará la principal amenaza de conflicto bélico entre Washington y Piongyang


pEKÍN / e. lA vOZ

El próximo martes, cuando en el lujoso hotel Capella de Singapur Kim Jong-un y Donald Trump se miren frente a frente, no estarán solos. Por supuesto, de cuerpo presente no faltarán sus asesores e intérpretes para que no haya ningún malentendido que pueda arruinar tan trascendental cita. Pero además, los ojos de toda la comunidad internacional estarán pendientes. Hay mucho en juego para los dos protagonistas, pero también para sus vecinos: Corea del Sur, China y Rusia

Corea del Norte

El régimen norcoreano lleva semanas defendiendo que la forma en la que están dispuestos a abordar su desnuclearización debe ser progresiva y manteniendo las negociaciones. Sin entrar en las diferencias entre lo que Washington y Piongyang entienden por desnuclearización, los expertos coinciden en que Kim Jong-un busca un cambio con esta cumbre.

«El régimen sufre la presión económica por las sanciones y saben que lo peor está por llegar, porque será a partir de julio cuando, si se cumplen las resoluciones de la ONU, deberán finalizar por completo sus intercambios con China, por ejemplo», explica Cheng Xiaohe, experto en relaciones internacionales de la Universidad Renmin de Pekín. «Para Kim es fundamental lograr un levantamiento acompasado de las sanciones», añade.

El joven dictador condiciona cualquier pacto a que se garantice la supervivencia de su régimen. Una vez completado su programa armamentístico, según aseguró el propio Kim Jong-un en la cumbre intercoreana del 27 de abril, ahora la meta es el desarrollo económico de su empobrecido país. Para eso busca una tregua en las sanciones y un impulso en el desarrollo del turismo, el único aspecto que no está incluido en las sanciones hasta el momento. 

Estados Unidos

El siempre cuestionado Donald Trump buscará cargar a Corea del Norte con la responsabilidad de que de esa cumbre surja un ambicioso compromiso de desnuclearización. Estados Unidos ha repetido hasta la saciedad que quiere un desmantelamiento completo, verificable e irreversible del régimen «lo antes posible». Trump llega a esta cumbre después de su controvertida salida del pacto nuclear con Irán y en guerra comercial con sus aliados y grandes potencias como Alemania, Francia o China. Una foto con Kim Jong-un podría dar oxígeno a su gestión exterior. Analistas como Michael Fuchs o Abigail Bard alertan sobre la posibilidad de que esta cumbre sea solo una escenificación, todo pompa y propaganda.

Corea del Sur

La mejora de los lazos con Corea del Norte ha sido la apuesta del presidente surcoreano Moon Jae-in desde su llegada al poder hace poco más de un año. Su estrategia le ha valido índices de aprobación superiores al 70 % aunque para los analistas, el asunto intercoreano está desviando la atención de otros problemas internos como la ralentización económica de su país. Moon Jae-in tiene la vista puesta en las elecciones locales que su país tiene el 13 de junio, por lo que el resultado de la cumbre determinará el éxito de su partido. Moon, descendiente de norcoreanos, había prometido frenar la desigualdad y crear empleos más estables, pero de momento sus gestiones económicas no han dado fruto.

«En un minuto sabré si va a salir bien», afirma el estadounidense

China y Rusia observan desde la barrera el cara a cara entre Donald Trump y Kim Jong-un mientras mueven hilos debajo del mantel. Ambas potencias miran con recelo la influencia de Estados Unidos en la región. Para Pekín, a quién Trump ha culpado en más de una ocasión de no presionar lo suficiente a Piongyang, un buen resultado de la cumbre serviría para aligerar esa presión de Washington, especialmente notable en la incipiente guerra de aranceles.

Tanto para Rusia como para China, una hipotética apertura económica de Corea del Norte, favorecería los intercambios comerciales en la frontera que comparten los tres países. Además, si Kim Jong-un acaba negociando la retirada de las tropas estadounidenses de Corea del Sur, supondría un impulso para su influencia en la región.

«Última oportunidad»

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió ayer de que la cumbre que celebrará el martes con el líder norcoreano, Kim Jong-un, será una «única oportunidad» para Corea del Norte. Trump dijo que viaja «en misión de paz». Vamos con la actitud positiva correcta, creo que va a salir bien», agregó, al señalar que lo mínimo que quiere conseguir es el inicio de un proceso de acercamiento. Por eso, estima que la predisposición de Corea del Norte también es positiva. «Creo de verdad que Kim Jong-un quiere hacer algo positivo por su gente. Tenemos que alcanzar la desnuclearización de Corea del Norte», añadió.

«Muy rápido voy a saber si va a pasar algo bueno. Y si creo que no va a pasar no voy a perder mi tiempo, no voy a perder el suyo», indicó el magnate estadounidense mientras abandonaba la cumbre del G7 en Canadá sobre la cita con el líder norcoreano.

Isla de Sentosa, refugio de piratas y campo de prisioneros

Las altas exigencias de seguridad de una cumbre que ha estado en duda hasta casi el último momento se han focalizado en la isla de Sentosa, en Singapur. Este paraíso, hoy repleto de hoteles y villas de lujo, pero con un pasado sangriento, acogerá una cita que podría cambiar la geopolítica mundial. Los dos líderes más imprevisibles del mundo se verán frente a frente en el hotel Capella, un complejo con 112 habitaciones cuyos precios oscilan entre 500 y 7.500 dólares la noche y que, por seguridad, se encuentran bloqueadas hasta el 15 de junio. Toda la isla esta delimitada como «área especial de seguridad» pero no será ahí donde se alojen los dos líderes. Donald Trump y Kim Jong-un podrían hospedarse en los hoteles Shangri-la y Sant Regis, respectivamente, ya que ambos están dentro de la «segunda zona de seguridad» marcada para estos días.

La paz en la península coreana se negociarán en un territorio manchado de sangre. La isla de Sentosa fue utilizada en 1942 como campo de prisioneros para británicos y australianos por parte del Ejército japonés. Y en el siglo XIX, por su ubicación, se convirtió en un importante centro comercial frecuentado por contrabandistas y piratas.

¿Quién pagará la cuenta?

Son muchas las dudas que planean sobre el primer cara a cara entre un presidente estadounidense y un líder norcoreano. Entre ellas, quién pagará la estancia de la delegación de Piongyang. Corea del Norte, el país más aislado del mundo, sobrevive en precarias condiciones económicas y varios organismos internacionales han denunciado la malnutrición de la población. Por ello, se ha especulado que la factura la sufragaría EE.UU., algo que la Casa Blanca desmintió.

Hasta ahora las únicas certezas es que la cumbre comenzará a las nueve de la mañana (hora local) y que Kim Jong-un llegará a Singapur este domingo. La seguridad de ambos líderes dependerá, además de sus guardaespaldas habituales, de un grupo de guerreros nepalíes. Se trata de los gurkas, un ejército de 1.800 miembros que la excolonia británica emplea para este tipo de actos. Su seña de identidad son sus habilidades con el kukri, una daga curva que se supone que solo debe ser desenvainada para derramar sangre.

El tortuoso camino hacia la cumbre

Octubre del 2006

Primer test nuclear. El régimen norcoreano, dirigido entonces por Kim Jong-il, efectúa «con éxito» una prueba nuclear subterránea. En represalia, la ONU impone sanciones comerciales y armamentísticas, pero excluye la militar.

2007

Ruptura del primer pacto. Ambas Coreas, EE.UU., Japón, Rusia y China firman un acuerdo que implica el fin del programa nuclear a cambio de ayuda. Pero en el 2009, Corea del Norte efectúa «con éxito» su segunda prueba nuclear.

2011

Kim Jong-un sucede a su padre. Tras la muerte de Kim Jong-il, su hijo llega al poder. Anuncia una moratoria que rompe en el 2013 con una tercera prueba atómica.

2014-1017

Tensión máxima. Las amenazas de lanzar un ataque nuclear a EE.UU. se entremezclan con nuevas pruebas, entre ellas la de una bomba de hidrógeno en el 2017, ya con Trump en la presidencia.

8 de marzo del 2018

Invitación aceptada. Después de un largo intercambio de insultos y amenazas, Kim Jong-un invita a Trump a reunirse con él en una carta. Ese mismo día, y contra todo pronóstico, el estadounidense acepta celebrar la cumbre.

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