Telegram, el último refugio de la piratería de películas y música

Nuevos golpes policiales contra las web que comparten archivos protegidos


Pontevedra / La voz

A principios de este mes, tres operaciones policiales confluían en el cierre o bloqueo de medio centenar de páginas web especializadas en descarga de películas, software o música. Con Colmillo Blanco, la Guardia Civil cercó siete portales, entre los que se encontraban dos de los más conocidos y que más usuarios tenían -seriesblanco.com y bajui.org-, al tiempo que arrestaban a su administrador. Otras veintisiete páginas fueron intervenidas en otra de las fases de la operación Cascada, un operativo policial que se viene desarrollando desde hace cinco años y que ha permitido frenar la actividad de webs consideradas como verdaderos baluartes en la descarga de videojuegos, mientras que con Démona se puso el acento en el entorno del dominio descargasmix.com: «Estaba considerada como la estructura informática más importante en la comunidad hispanohablante de vulneración de los derechos de propiedad intelectual y derechos de autor, llegando antes de la intervención a ser la página número 72 más visitada en España, alcanzando las sesenta mil visitas diarias», precisaron desde la Guardia Civil.

Pese a estos golpes, en la Red sigue siendo relativamente sencillo encontrar páginas donde se ofrecen contenidos protegidos y, en ocasiones, incluso antes de que salgan al mercado comercial o audiovisual. Estos son cuatro de los métodos más populares que, al margen de la Darknet -la Internet oscura-, emplea la piratería para compartir archivos. 

Lo primigenio

El P2P o la red entre iguales. Posiblemente fue el primer sistema que se empleó de forma masiva para compartir archivos protegidos y arrastra dos grandes hándicaps: su lentitud con respecto a otros métodos y el hecho de que no siempre se tiene la certeza de que realmente se está descargando lo que uno desea. El funcionamiento es sencillo mediante un software apropiado, caso de emule, de tal modo que solo hay que indicar en su buscador lo que uno desea. Acto seguido, localiza los archivos que contienen esa descripción para, acto seguido, bajar aquel que más interese al internauta. El problema es que si al otro lado de la red el que colgó el archivo puso mal el nombre del mismo, intencionada o accidentalmente, uno en lugar de bajarse la Cenicienta de Walt Disney puede terminar descargando la de un émulo de Rocco Siffredi. Esto se ha solventado con la aparición de webs que enlazan contenidos acordes con la descripción y el título que ofrecen. 

La variante

El BitTorrent. Se estima que más de 250 millones de internautas emplean este protocolo creado para las redes P2P que «permite a los usuarios unirse entre ellos en un enjambre (swarm) para descargar y subir el archivo de forma simultánea», recoge la Wikipedia. Ofrece la ventaja de que es mucho más rápido que una red de iguales convencional, pero tiene el problema de que es necesario utilizar un software específico, además de que carece de un motor de búsqueda por lo que el internauta depende siempre de una página que lo enlace. 

Lo más extendido

La descarga directa. Cuando a principios de enero del 2012, el FBI desmanteló Megaupload hubo quien, iluso, anunció a bombo y platillo que la piratería había sufrido un golpe mortal. Lo cierto es que los únicos que sufrieron las consecuencias de este golpe fueron el fundador de esta compañía, Kim Dotcom, y sus empleados. La piratería apenas se resintió y hoy en día uno se puede encontrar con páginas similares por doquier, algunas de ellas gratuitas y otras que exigen el pago de una cuota. Su principal hándicap es que muchos contenidos caducan o desaparecen de la noche a la mañana, mientras que sus principales ventajas residen en la velocidad de descarga, principalmente, si se abona una cuota, y en que se prescinde totalmente de un programa de descarga. Probablemente, es, junto al torrent, el método más extendido y, de hecho, las páginas que son cerradas suelen emplear algunos de estos dos sistemas para enlazar películas o música. 

Lo último

Canales de Telegram. En los últimos dos o tres años y como respuesta a la acción policial, la piratería se ha fijado en esta aplicación de mensajería instantánea donde existen canales en los que se comparten toda clase de archivos digitales. Y todo ello bajo el amparo del anonimato que ofrece Telegram a sus usuarios, pero con el hándicap de que solo se pueden compartir archivos de hasta giga y medio -es lo que pesarían tres capítulos de una serie o una película de hora y media-. Es cierto que la aplicación ha cerrado muchos canales, pero, al igual que a la hidra a la que por cada cabeza que le seccionaban le surgían dos, en Telegram por cada canal clausurado surgen varios, una circunstancia que se suma a la facilidad con la que se pueden encontrar. Lo cierto es que, a decir de algunos expertos policiales, el futuro de la piratería podría encontrarse en una suerte de migración de los portales web convencionales a estos canales.

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