La mitad de las familias de las víctimas del puente de Génova no acuden al funeral de Estado

Califican la ceremonia de «farsa». La cifra de muertos asciende a 42 tras el hallazgo del cadáver del último desaparecido

Una pareja y su hija de nueve años elevan a 41 la cifra de víctimas del puente Morandi El coche fue localizado completamente aplastado por un enorme bloque de cemento
Efe

Familiares y miles de ciudadanos anónimos participaron este sábado, en medio de una enorme emoción, en el funeral de las víctimas del derrumbe del puente Morandi de Génova, en el norte de Italia. En el inmenso pabellón Jean Nouvel del parque de exposiciones de Génova, 18 ataúdes, cubiertos de grandes ramos de flores y colocados sobre soportes, estaban alineados en una gran alfombra roja rectangular.

Un poco más adelantado, un pequeño ataúd blanco: el de Samuele, de 8 años, caído al vacío junto a sus padres, cuando la familia iba de vacaciones a Cerdeña.

La mitad de las familias de los 38 muertos confirmados rehusó participar en la ceremonia. Algunos, por considerar -como lo hizo una madre ante la prensa, que calificó el funeral de «farsa»- que el Estado era responsable del drama; otros, que abogaron por despedidas más íntimas.

En el párking situado frente a una de la entradas del lugar, los familiares y amigos afluyeron durante toda la mañana, algunos vestidos de negro, a menudo en silencio. Una mujer sale de un taxi, llevando una rosa blanca. Luego un hombre, con camisa gris, trae una foto enmarcada, la de una hombre de edad media, vestido con traje y sonriente.

Minutos después, se ve a un anciano llegar de lejos. Avanza con dificultad. Sus familiares lo sostienen, lo mantienen en la sombra, para evitarle el suplicio de un sol de plomo.

«Hemos venido por Marius, mi primo», dice, un poco más lejos, Ayde Djerri. «Tenía 22 años y estaba en el puente. Iba a su trabajo, con un colega. Era jardinero».

En el interior de la amplia sala, la emoción crece a medida que llega la gente. Un millar de personas, algunas están allí desde muy temprano, están sentadas detrás de los féretros. Al fondo, miles de personas se mantienen de pie.

Muchas veces, resuenan las salvas de aplausos para recibir a los bomberos, que desde el martes trabajan incansablemente entre los escombros. También es saludada la presencia de futbolistas de los dos grandes equipos de la ciudad, el Génova y la Sampdoria, que llegan juntos, igual que Matteo Salvini y Luigi Di Maio, los dos jefes de fila del gobierno populista italiano.

El último en llegar, el presidente italiano, Sergio Mattarella, intercambia algunas palabras con los familiares en torno a los féretros. Abraza a algunos de ellos, visiblemente emocionado.

Una nueva salva de aplausos se produce cuando un sacerdote lee los nombres de las 38 víctimas del viaducto Morandi, y alude a las halladas esta misma madrugada, aún no identificadas.

500 millones para ayudar a la ciudad y reconstruir el puente

Los dirigentes de Autostrade per l'Italia, sociedad que gestiona el puente que se derrumbó el martes anunció este sábado que están disponibles 500 millones de euros para ayudar a la ciudad y para reconstruir el viaducto.

«Al sumar, llegamos rápidamente a 500 millones de euros (...) Son fondos que estarán disponibles desde el lunes», declaró Giovanni Castelluccio, presidente de la empresa, en rueda de prensa.

Miembros del gobierno italiano responsabilizaron a esta sociedad del derrumbe del puente.

Los muertos aumentan a 42 tras el hallazgo del cádaver del último de los desaparecidos

El número de víctimas del derrumbe de un viaducto en la ciudad italiana de Génova ascendió a 42, después de que los equipos de bomberos encontraran entre los bloques de cemento al que se cree es el último desaparecido. Durante la noche, se encontró un vehículo con otras tres personas, una pareja y su hija de 9 años.

Aunque aún no existe la confirmación oficial por parte de la Delegación de Gobierno de Génova, los datos de Protección Civil indican que no habría más personas entre los escombros. Los últimos cuerpos son los de la familia Cecala de la que no se tenía noticias desde el pasado martes cuando se derrumbó el puente Morandi y de un genovés. Mientras que un alemán que había sido dado como desaparecido se puso en contacto con las autoridades italianas.

El Gobierno que ha decidido tras el accidente revocar la concesión de gestión de las carreteras italianas a Autostrade per L'Italia, ya que era la sociedad que se tenía que ocupar de la manutención de este viaducto.

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El puente Morandi formaba parte de un recorrido que hace a diario en su jornada de reparto para la cadena local de supermercados Basko. «Llovía, llovía mucho y no se podía ir deprisa. Cuando me adelantó un coche, frené para mantener una cierta distancia de seguridad, porque frenar con esa lluvia era imposible, no se veía gran cosa», cuenta el genovés que todavía no se cree lo ocurrido. 

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