Mateusz Morawiecki, el banquero polaco que quiere cristianizar la UE

Ultranacionalista y euroescéptico, rechaza a los inmigrantes y dispara el gasto social


BERLÍN / E. LA VOZ

«Tenemos de qué alardear, y es que nosotros construimos el parlamentarismo, por lo que somos uno de los Estados más experimentados en la democracia». Con estas palabras de Mateusz Morawiecki, Polonia conmemoró el pasado 13 de julio los 550 años del nacimiento de su Parlamento, efectivamente uno de los más antiguos del mundo. Sin embargo, hoy los valores democráticos cotizan a la baja en el país que más sufrió con la ocupación de la Alemania nazi y de la Unión Soviética. Precisamente porque, desde que logró la mayoría absoluta en el 2015, el Gobierno ultranacionalista del primer ministro polaco no ha vacilado un segundo a la hora de emular a su vecino húngaro. Sus constantes ataques contra los extranjeros y demás minorías, así como contra las libertades fundamentales, han llevado a Polonia por la senda de la autocracia, con la que todos los integrantes del grupo de Visegrado desafían a la UE. No cabe duda de que el astuto Morawiecki, que ha hecho carrera como banquero e historiador, ha sabido aprovechar la inseguridad de un pueblo que aún no ha superado el trauma de la guerra y la pérdida de identidad. 

Rechazo a la inmigración

Xenofobia y ultracatolicismo. Bajo la doble ocupación, Polonia vio desaparecer su Gobierno, sus instituciones y, sobre todo, su diversidad étnica. A los seis millones de polacos que murieron en la Segunda Guerra Mundial hay que sumarles los dos millones y medio de judíos que fueron ejecutados durante el holocausto en campos de concentración erigidos por los nazis en su territorio. En la actualidad, apenas el 1,3 % de la población es extranjera. De ahí el temor del pueblo a perder su estatus socioeconómico y a todo lo que le resulta diferente, como los inmigrantes. Hasta el 70 % de los ciudadanos rechazan a los refugiados musulmanes. No es de extrañar pues que el ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS) se negara a aceptar el sistema de cuotas propuesto por Bruselas y avalado por su predecesor, según el cual debería haber recibido a 7.000 demandantes de asilo. Alegando razones de seguridad, el Ejecutivo de Morawiecki solo concedió 520 solicitudes en el 2017, del total de 5.000 que se presentaron, la mayoría procedentes de antiguos Estados soviéticos, a los que considera más afines. Ello pese a las peticiones de la Iglesia, con gran influencia en el país, en el que entre el 90 % y el 95 % practican el catolicismo, y las amenazas de la UE con recortarle los fondos comunitarios. 

RESTRICCIÓN DE LIBERTADES

Sin independencia de poderes. Pero no solo los extranjeros sufren la discriminación. Ante el descenso de la natalidad y el aumento de la emigración de trabajadores en los últimos años, el Gobierno polaco fomenta los valores de la familia tradicional, a la par que recorta los derechos de los homosexuales y las mujeres. El PiS aspira a endurecer aún más la actual ley del aborto, una de las más restrictivas del continente, al eliminar uno de los tres únicos supuestos en los que está permitido: si el feto padece una discapacidad. Amparado en el catolicismo férreo, ya lo intentó en octubre del 2016 y tuvo que recular por la ola de protestas que se desató en el país, en el que muchos médicos se niegan a practicar abortos por miedo a ser llevados ante la Justicia y miles de mujeres se ven obligadas a huir al extranjero con ese objetivo. 

Además, la ONU ha denunciado las condiciones de detención en Polonia, que recurre a la tortura y el trato vejatorio. En la misma línea, las oenegés exigen al Ejecutivo de Morawiecki que deje de violar el derecho a la libertad de reunión y de dar prioridad a las manifestaciones progubernamentales. Aunque ahora mismo lo que más preocupa a la comunidad internacional es la reforma judicial que desde julio obliga a los magistrados del Supremo a jubilarse con 65 años, en lugar de con 70. Gracias a ello, el jefe de Estado puede escoger a sus jueces, menoscabando así la independencia de poderes. 

UN PODER CASI ABSOLUTO

El centro y la izquierda no encuentran su sitio. Ninguna de estas controvertidas reformas habría sido posible de no ser porque el PiS ganó las elecciones con mayoría absoluta. La primera obtenida nunca antes por un partido desde que el comunismo fuera derrocado en 1989 y Polonia se instauró como una democracia. La formación nacionalista-conservadora y euroescéptica se hizo así con 235 de los 460 escaños del Parlamento y 61 de los 100 con los que cuenta el Senado. Eso sí, la contundente victoria del PiS, por entonces bajo la batuta de Beata Szydlo, se veía venir. El partido populista ya se había anotado varios tantos en comicios regionales, tras capitalizar la creciente xenofobia y el auge de la ultraderecha desde que estalló la crisis migratoria en el verano del 2015. En las generales que se celebraron en otoño del mismo año, el electorado polaco castigó a la izquierda, que desapareció del tablero, y sobre todo a la formación de centro-derecha Plataforma Cívica, que estaba al mando del Ejecutivo, por comprometerse con Bruselas a dar asilo a inmigrantes. Hoy el partido que fue fundado en el 2001 por los populares hermanos Kaczynski continúa liderando los sondeos, según los cuales el 57 % aprueba a Andrzej Duda como presidente y el 55 % está satisfecho con la gestión de Morawiecki. Un respaldo que se debe también a la bonanza económica. 

LAS BASES DEL CRECIMIENTO

Ojo al gasto social. La agenda del PiS se basa en incentivar las ayudas públicas y los beneficios sociales, tales como la educación universitaria financiada, la medicina gratuita para los mayores o el adelanto de la edad de jubilación. Todo ello costeado mediante un incremento de los impuestos a bancos y multinacionales. El bautizado como plan Morawiecki, pues cobró forma cuando este era titular de Finanzas, no podía haber tenido mejor acogida. No en vano, al dimitir Szydlo a finales del 2017, nadie dudó que el puesto de primer ministro recaería en el artífice del milagro.

Tras haber dejado atrás el racionamiento comunista con el cambio de milenio, el PIB polaco crece hoy a un ritmo anual del 5 %, convirtiéndose en el más dinámico del bloque y en el único que no conoció la recesión durante la crisis de la deuda. Aunque este impulso solo ha sido posible gracias a los fondos de cohesión de la UE, de los que Polonia es el mayor beneficiario desde que entró a formar parte del club en el 2004, con casi 100.000 millones de euros anuales, que Bruselas acaba de rebajar a 64.000 a partir del 2021. 

UN DESAFÍO PARA BRUSELAS

Las heridas de la guerra. La mayoría de los polacos saben que el ingreso en el bloque ha mejorado su agricultura y empleo. No obstante, en los últimos años ha aumentado la desconfianza en las instituciones europeas. «Somos parte de la UE, pero queremos transformarla, volver a cristianizarla. Ese es mi sueño», ha asegurado Morawiecki, que no desea seguir perdiendo fondos comunitarios ni tampoco está dispuesto a claudicar con las exigencias de Bruselas, cada vez más preocupada por el país del Este que ha formado un frente común con el primer ministro húngaro, Víktor Orbán, su gran detractor. 

La Comisión Europea abrió un expediente sancionador a Varsovia por la reforma judicial, y la brecha podría profundizarse con el referendo que prevé celebrar en noviembre Duda para fijar en la Constitución el papel de Polonia en la OTAN y la UE. Asimismo, la relación con sus vecinos no hace más que deteriorarse. Por un lado, Varsovia ha solicitado ayuda a la Alianza Atlántica por miedo a volver a ser invadida por Rusia. Por otro, le reclama a Alemania 690.000 millones de euros por los daños causados por la ocupación. La herida de la Segunda Guerra Mundial está aún tan presente que en enero aprobó una nueva ley del holocausto, que fijaba penas de cárcel a quienes hablaban de «campos de concentración polacos», y que tuvo que modificar tras una crisis diplomática con Israel.

La ficha

Datos personales. Mateusz Morawiecki nació el 20 de junio de 1968 en Breslavia. Su padre era activista opositor de la Polonia comunista. Se graduó en Historia, Administración de Empresas, economía y Derechos Europeos. Estudió en Alemania, Suiza y EE. UU. Está casado y tiene cuatro hijos.

Trayectoria. Tras haber fundado editoriales y revistas, dirigir proyectos de investigación económica, financiera y educativa y presidir el banco Zachodni WBK, fue nombrado viceprimer ministro y titular de Desarrollo en noviembre del 2015. En marzo del 2016 se unió al PiS, y seis meses después pasó a ser ministro de Finanzas. Ese cargo le situó al frente de la negociación de los presupuestos de la UE y le permitió diseñar el plan económico que lleva su nombre. Desde diciembre del 2017, reemplaza a Beata Szydlo como primer ministro con mayoría absoluta.

Retos. Deberá evitar nuevas brechas con sus vecinos europeos y el resto de la comunidad internacional. No puede arriesgarse a perder más fondos de cohesión de la UE, ya que ello pondría en peligro su ambicioso proyecto económico, que aún está lejos de completarse del todo.

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