C's apunta a Sánchez, y el PSOE, a Casado

Rivera aprovecha la renuncia de la ministra Carmen Montón para poner en tela de juicio la tesis doctoral del presidente, y los socialistas reaccionan exigiendo la dimisión del líder del PP

Sánchez reaccionó airado a la pregunta de Rivera, y lo acusó de hacer del Congreso un lodazal
Sánchez reaccionó airado a la pregunta de Rivera, y lo acusó de hacer del Congreso un lodazal

madrid / la voz

Con el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición en jaque. Esta es la situación en la que ha derivado la convulsa renuncia de la ministra de Sanidad Carmen Montón a última hora del martes, una vez quedó constatado que al menos 19 de las 52 páginas de su trabajo de fin de máster en la Rey Juan Carlos habían sido plagiadas de la Wikipedia y de tesis de otros autores sin siquiera citarlos.

Con sus picos de intensidad, Pablo Casado ya lleva cinco meses amenazado por unas supuestas irregularidades a la hora de obtener el título de posgrado, una circunstancia que no le ha impedido convertirse en el presidente del PP. Pero con lo que no se contaba tanto era con que la onda expansiva acabase afectando tan directamente a Pedro Sánchez, que además de perder a su segundo ministro en los cien días que lleva al frente del Gobierno, comprobó cómo la tesis con la que logró su doctorado en Economía también pasaba a estar en tela de juicio.

El incendiario fue Albert Rivera. El presidente de Ciudadanos, que hasta ahora solo había tenido ojos para la Diada, se despertó ayer oliendo a sangre y se lanzó directo a la yugular del jefe del Ejecutivo poniendo en duda la limpieza de su tesis doctoral en la Universidad Camilo José Cela. Además del monumental cabreo de Sánchez, el movimiento del líder de C’s originó un efecto cascada que acabó haciendo saltar por los aires el pacto de no agresión entre PP y PSOE en materia académica, con los socialistas exigiendo la inmediata dimisión de Pablo Casado, y con el Parlamento convertido en un gallinero. O en palabras del presidente del Gobierno, en un «lodazal».

Resaca en el Congreso

Sánchez tuvo la mala fortuna de que le tocara afrontar la dura resaca de la dimisión de su ministra de Sanidad, a quien había ratificado tres horas antes de su marcha, con una sesión de control en el Congreso. Como jefe del Ejecutivo le correspondía responder a tres preguntas. Según el reglamento de la Cámara, estas deben quedar registradas dentro de un plazo determinado para favorecer que los miembros del Gobierno interpelados puedan documentar sus respuestas. Las dos primeras llegaron de manos de Pablo Casado y Pablo Iglesias, que, siguiendo el guion acordado, se interesaron por Cataluña el primero, y del precio de los alquileres el segundo. La caja de los truenos se abrió en el tercer turno, cuando Albert Rivera decidió esconder en el cajón de su escaño la pregunta sobre el desafío secesionista que había registrado para sacarse de la manga una intervención retando a Sánchez a que hiciera pública su tesis doctoral, sobre cuya autoría se ha generado cierta polémica.

«Tenemos dudas sobre lo que pasa en la universidad pública y no puede ser que se dé la impresión de que afiliarse al PP o al PSOE salga más a cuenta», comentó a modo de introducción tras afearle el veto de su Gobierno a una proposición no de ley presentada recientemente por Ciudadanos para poner fin a este secretismo que rodea a determinados trabajos académicos. Tras mencionar el caso Montón y el caso Casado, Rivera pasó directamente al ataque: «No puede haber un caso presidente del Gobierno», clamó, denunciando las «dudas razonables» que planean sobre su trabajo de doctorado en la Universidad Camilo José Cela, e invitándole a espantarlas de una manera muy sencilla: «Haga pública su tesis».

Efecto rebote sobre Casado

Sánchez aseguró que está publicada conforme a la legislación, y que así puede constatarlo en la base de datos de tesis doctorales Teseo. «Infórmese bien, porque lo está. Usted dirá que no, pero, como otras muchas cosas, no se prepara las preguntas y ha convertido su pregunta parlamentaria en un lodazal», respondió.

El Congreso entró en ebullición, y solo se fue calmando a medida que los pesos pesados abandonaban el hemiciclo. A su salida, Adriana Lastra, portavoz socialista, criticó la actitud de Rivera, a quien acusó de ser la «muleta del PP», y trató de volver a poner el foco sobre Casado, al que por primera vez le exigieron su dimisión, poniendo fin a un pacto de no agresión respetado hasta ahora entre Génova y Ferraz. El dirigente popular, cuyo caso está judicializado, confió en que el Supremo desestime la causa e insistió en marcar las diferencias respecto al de Montón.

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