Cambio de hora: y si las tres fuesen por última vez las dos

Este fin de semana se retrasa el reloj. La madrugada del domingo a las tres serán las dos. Si España finalmente opta por quedarse con el horario de verano, este será el último cambio de hora del otoño


Redacción

Hay dos domingos al año en que nuestra relación con el tiempo es un caos absoluto. En cada momento debes pensar si estas viviendo en la hora que te toca o en la que marca el reloj. Y las preguntas se repiten. ¿Este reloj va por la vieja o por la nueva? ¿El móvil se actualiza solo o esta hora es a vieja? Una caótica situación que podría tener las horas contadas (nunca mejor dicho). En la madrugada del sábado al domingo las tres serán las dos y podría ocurrir esto por última vez, si finalmente España opta por quedarse con el horario de verano. Y ante la posibilidad de que sea una despedida, brotan ya los primeros síntomas de nostalgia. Olvidando todo lo que supone para nuestro reloj interno, algunos ya solo recuerdan lo bueno. Aún no lo han perdido y ya echan de menos esa vuelta completa que nos permitían retrasar las agujas. Y ese derecho anual para dormir una hora más o para salir y disfrutar 60 minutos más trasnochando lo mismo. 

Los hemos visto durante años en las portadas del periódico, escuchado insistentemente en la radio y nos lo han recordado también al final de los informativos de la tele. «Esta noche cambia la hora y las tres serán las dos». Esa manera de referirse a la hora ganada en otoño podría ser como los cinco duros o las cien pesetas, una expresión en peligro de extinción. Una de esas cosas que algunos seguirán diciendo por nostalgia y que las nuevas generaciones nunca entenderán. Las tres siempre serán las tres. Y esto no es lo único que cambiará. Si se elimina el cambio de hora, como ha aprobado la Comisión Europea, infinidad relojes se quedarán sin pila y nadie se dará cuenta. ¿Será el principio de su fin? Los móviles ya nos lo dan todo hecho y aquel reloj de pared que está al fondo de la cocina ya solo lo vemos cuando tenemos mucha prisa por salir o cuando toca cambiarle de hora. Y más nostalgia. Sin cambio de hora ya no tendremos excusas para empezar noviembre con más cansancio de lo habitual. Y si los niños lloran más de lo habitual al levantarse no podremos echarle a esos 60 minutos que le hemos robar a su pauta diaria. Ese jet lag que le imponemos dos veces al año a nuestro reloj biológico desaparecerá. Y es que aunque siempre ha habido mucho debate sobre el tema, el cambio de hora sí que tiene consecuencias físicas. Lo notan especialmente los niños y los ancianos, como recordaban un grupo de expertos internacionales sobre el sueño reunidos hace una semana en Barcelona. No es cuestión de un día o de dos. Los niños «corren el riesgo de dormirse» en clase hasta dos semanas después de modificarse el horario. Y todo por culpa de que un buen día, (la noche del domingo 28 de octubre) mientras la mayoría de ellos duermen, resulta que las tres son las dos.

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Las consecuencias físicas del cambio de hora ¿mito o realidad? Cuando retrasamos nuestros relojes, nuestro cuerpo lo nota. Dicen los expertos, que afecta especialmente los niños, que además no entienden por qué de repente hay menos horas de luz. Pero hay trucos para minimizar los efectos

¿Horario de verano o de invierno? He ahí la gran cuestión. El objetivo de la Comisión Europea es que el último cambio obligatorio tenga lugar el domingo 31 de marzo del 2019, fecha en la que oficialmente se pasa al horario de verano en los países miembro. A partir de ahí, los que opten por el horario de verano se quedarían ya con él y los países que quieren adoptar el de invierno tendrían una oportunidad para ajustarse el 27 de octubre del 2019. A partir de ahí ya no se podrían hacer más cambios. Lo dicho, las tres siempre serán las tres. 

Jorge Mira, catedrático del departamento de Física Aplicada de la USC, recordaba en una entrevista concedida a La Voz a principios de septiembre que en todos los países del mundo en que se eliminó el cambio estacional se fue al horario de verano. La sociedad actual prefiere despertarse y entrar a trabajar aunque sea totalmente de noche y tener más horas de luz por la tarde, cuando la mayoría tienen su tiempo de ocio. Pero ojo, porque Galicia sería una de las zonas más perjudicadas en este escenario. Si se mantiene el horario de verano, en la Costa da Morte, al ser el extremo occidental de la zona horaria europea, en Navidad amanecería a las diez de la mañana.

En España se lleva cambiando la hora de forma ininterrumpida desde el año 1974, cuando se recuperó esta tradición tras la crisis del petróleo. Desde 1996, en la UE se adelantan los relojes una hora el último domingo de marzo y se atrasan una hora el último domingo de octubre por directiva europea. Una decisión que tomó la Comisión Europea para resolver los problemas, sobre todo para el transporte y la logística, de una aplicación descoordinada de los cambios de hora a lo largo de todo el año.

Aunque la adaptación al horario solar está en la base de esta práctica, el principal argumento para mantener el retraso de la hora en otoño y el adelanto en primavera es el ahorro energético. Según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el potencial de ahorro en iluminación podría alcanzar en torno a 300 millones de euros, el equivalente al 5 %  del total. De esa cantidad, según recoge la agencia Europa Press, 90 millones corresponden al potencial de los hogares españoles, lo que supone un ahorro de 6 euros por hogar y 210 millones restantes se ahorrarían en los edificios del terciario y en la industria. Pero no todos los españoles lo notarán igual. Depende mucho de donde vivan. Por ejemplo, cuando se adoptó por última vez el horario de verano, el Instituto Enerxético de Galicia calculó que en nuestra comunidad apenas suponía un ahorro de un 0,4 %, mientras que alcanza el 5 % de media en España. «Estudios más recientes confirman que el ahorro de energía es actualmente marginal», aseguraba hace unos meses el vicepresidente de la Comisión, Maros Sefcovic. «Nos dirigimos hacia ciudades inteligentes, edificios inteligentes y soluciones inteligentes que supondrán un ahorro mucho mayor al de cambiar la hora», añadía.

El fin del cambio de hora

La idea de suprimir el cambio de hora en la Unión Europea surgió tras una encuesta pública con 4,6 millones de respuestas. En Alemania llegó a participar un 3,79 % de su población y también se lograron porcentajes importantes en Austria y Luxemburgo. El resultado fue abrumador. Un 84 % de los europeos que votaron querían terminar con el cambio de hora. En el caso de los españoles, el 93 % de los participantes apostaron por acabar con este práctica. Y ante la pregunta de qué horario adoptar, la mayoría de los europeos (el 56 %) se decantó por mantener todo el año el horario de verano, frente al 36 % que prefirió el de invierno y un 8 % que no tiene clara su postura.

La postura de los gallegos es clara. Un 80 % está a favor de eliminar el cambio horario de invierno y verano, una medida que la CE quiere hacer realidad en el 2019. El dato se desprende del Barómetro sobre Neurociencia y Sociedad, llevado a cabo por IPSOS a nivel nacional. Este mismo estudio revela que el 72 % quieren acabar con el baile horario, frente a un 28 % que están a favor del cambio. El Barómetro de IPSOS señala también una relación directa entre la edad y posicionamiento de los encuestados ante este tema, y revela que el grupo que está mayoritariamente en contra de cambiar la hora es el de mayor edad.

La Comisión Europea ha dejado la decisión de cómo eliminar el cambio de hora en manos de los gobiernos y les ha pedido celeridad para conseguir que el último cambio de hora en el bloque comunitario ocurra en el 2019. Se ha abierto un plazo de seis meses para estudiar la propuesta y así poder aplicarla sin ocasionar problemas por falta de coordinación entre las capitales. No es una cuestión sencilla. En la actualidad, la UE funciona con tres husos horarios al margen de los de sus regiones ultraperiféricas. Con una hora menos que en España vive la Europa Occidental: Irlanda, Portugal y Reino Unido. España comparte el horario de Europa Central con 16 naciones: Austria, Bélgica, Croacia, República Checa, Dinamarca, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Luxemburgo, Malta, Holanda, Polonia, Eslovaquia, Esloveniay Suecia. Una hora más que los relojes españoles marcan los de Europa Oriental, con países como Bulgaria, Chipre, Estonia, Finlandia, Grecia, Letonia, Lituania y Rumanía. Al poder optar por el horario de verano o el de invierno, la orden europea podría poner en riesgo esta estabilidad horaria. De tres husos horarios, se podría pasar hasta a seis. Y podría dar la situación, por ejemplo, de las 9 de Londres sean las 12 de Helsinki.

Tras el todo lío que se montó en verano, la mayoría de los países aún no han desvelado cómo resolverán la cuestión horaria. En algunos países se plantean someterlo a referendo. Otros han configurado los comités de expertos para analizar el tema. Pero la mayoría aún no se han pronunciado. En principio, entre los más favorables a acabar con los cambios de hora están España y Finlandia. En cambio, Portugal ya se ha desmarcado oficialmente de la propuesta de la Comisión y apuesta por mantener el sistema actual.

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