Brasil vota el adiós a la izquierda de Lula

El ultra Bolsonaro goza del favor de las encuestas con sus promesas de mano dura y empleo


BRASILIA / CORRESPONSAL

Ayer, ante la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde el expresidente Lula da Silva lleva medio año encarcelado, cientos de jóvenes se congregaron para cantarle el cumpleaños feliz al gran líder de la izquierda brasileña. Lula cumplió 73 octubres entre rejas y la movilización para alegrarle la jornada es un perfecto resumen de la situación política de Brasil el día en que elige presidente y, quizás, algo más que eso. Porque el resultado del segundo turno de las elecciones presidenciales entre el ultraderechista Jair Bolsonaro y el aspirante del hegemónico Partido de los Trabajadores Fernando Haddad enfrenta al gigante sudamericano a su mayor reto desde el fin de la dictadura hace 30 años.

Hasta el último día, la actualidad estuvo marcada por Lula, principio y fin de tres lustros de hegemonía electoral del PT que prolongó Dilma Rousseff. La prisión del exmandatario por corrupción y su posterior inhabilitación condicionó todo el proceso, porque Lula era el favorito indiscutible para un tercer mandato y porque dejó con el pie cambiado a su partido. Criticado por su alejamiento de las bases más populares, estigmatizado por la corrupción y atacado por todos los demás partidos por su poca cintura para pactar, el PT tuvo que investir a Haddad como candidato de urgencia y ahora echa de menos no haber trazado alianzas estratégicas para frenar a Bolsonaro.

Los apoyos de última hora (algunos indirectos, como el del expresidente conservador Fernando Henrique Cardoso) quizás lleguen demasiado tarde. «Por desgracia, no todo el mundo tiene el valor de admitir el riesgo que Bolsonaro supone para el país», dijo Haddad en su última aparición.

Claro vencedor en la primera vuelta, con casi 50 millones de votos, y favorito para la segunda según las encuestas (sobre el 56% de apoyo en la última), el ultraderechista ha hecho fortuna con su discurso radical contra delincuentes, homosexuales y el aborto, pero sobre todo contra el PT. Su amplia base de apoyos sobre todo en las ciudades y estados más favorecidos quiere confiar en que las peores aristas de su discurso sean una broma pesada. 

Polarización y miedo al fraude

La brutal polarización de la sociedad hace que, sea cual sea el resultado, el futuro inmediato del país sea preocupante. Si vence Bolsonaro, las sospechas sobre sus tics autoritarios y la presencia de militares en su toma de decisiones asoma a Brasil a épocas pretéritas. Si Haddad consuma una remontada que parecía improbable, muchos temen una reacción furibunda de los sectores más extremistas de los seguidores de Bolsonaro (o del ejército), y el candidato ya ha dicho que la única posibilidad de perder es un amaño de las urnas electrónicas. Por si acaso, Bolsonaro no bajó el pistón: en las últimas horas de campaña, pidió suspender la candidatura de Haddad por culpa de Roger Waters, cuya gira por todo Brasil ha dejado un reguero de titulares al meter al más que probable nuevo presidente brasileño en la lista de líderes neofascistas.

El giro conservador que vive Brasil tras años de Gobierno de la izquierda es ya patente en la Cámara de los Diputados y en el Senado que salen de las urnas. Horas antes de la concentración para mimar a Lula, varias universidades de todo el país eran intervenidas por agentes de los cuerpos de seguridad a petición de autoridades electorales regionales, para tapar mensajes políticos contrarios a Bolsonaro pese al rechazo del Supremo.

Así son los candidatos a presidir país

JAIR BOLSONARO 

Datos personales. Jair Messias Bolsonaro (Campinas, 1955) fue militar, se retiró con el grado de capitán. Entró en política en 1988 como concejal. Tiene cinco hijos

Principales propuestas. Aunque ha ido modulando sus principales propuestas, defiende como ejes principales de su proyecto la mano dura contra los delincuentes, el aumento del protagonismo de los militares y la aplicación de un alto grado de neoliberalismo económico, cerrando numerosas empresas públicas que considera como el centro de la corrupción en el país, a través del economista Paulo Guedes, bien visto por las grandes compañías. Rechaza la legalización del aborto, es partidario de legalizar el acceso a las armas de la protección civil para fomentar la autodefensa y en campaña se ha mostrado partidario de recuperar el castigo físico en los colegios, así como de abolir lo que define como «ideología de género» en las escuelas.

FERNANDO HADADD 

Datos personales. Nació en São Paulo en 1963, hijo de inmigrantes libaneses. Fue ministro de Educación con Lula y también alcalde de su ciudad natal hasta su proclamación como candidato.

Principales propuestas. Era el redactor del programa electoral con el que trabajaba Lula y el espíritu del expresidente impregna sus principales medidas. Su principal promesa pasa por revertir el legado del presidente saliente, Michel Temer, derogando su reforma laboral y el techo de gasto que frena las inversiones en educación, salud y obras públicas. También propugna recuperar algunos programas de subvenciones sociales para los más necesitados que fueron bandera de Lula y de Dilma Rousseff. Y en la lucha contra la delincuencia aboga por hacer de la policía federal la vanguardia del combate contra el crimen organizado para frenar el narcotráfico y la venta de armas, dejando para las policías locales y estatales el resto de competencias para liberar más agentes.

«Fake news», wasaps, una puñalada y hasta un vídeo erótico en la campaña

El tono de la campaña electoral a ha estado condicionado casi siempre por la figura de Bolsonaro, un caramelo para los medios de comunicación con sus exabruptos en mítines y entrevistas. El candidato ultraconservador llevó la contienda a su terreno manejándose mejor que nadie en el ámbito de las redes sociales. Ni la acusación de haber recibido dinero ilegal para una campaña de envío masivo de mensajes por WhatsApp alteraron su pulso. Como tampoco la masiva manifestación de mujeres en su contra a mediados de octubre. Su figura y su discurso profundamente divisorio provocaron incluso la dimisión de la editora del telediario de la cadena Record, propiedad de un obispo evangélico amigo de Jair Bolsonaro.

Los medios locales han dedicado ríos de tinta y de bits a desmentir todo tipo de rumores, al límite de lo surrealista: el kit gay de Fernando Haddad, un coche bomba contra Bolsonaro, una futura diputada del PT descuartizadora de policías, el Ferrari del candidato de la izquierda, el plan de dominación comunista si gana la izquierda y un largo etcétera. Bolsonaro se llevó la peor parte de la tensión generada con la agresión con arma blanca que sufrió en un acto de campaña manos de un desequilibrado.

La pelea por São Paulo

Pero si hubo una disputa enconada en este proceso electoral fue en la carrera por ser gobernador del estado de São Paulo, el más rico y poblado del país. Allí, el gran favorito para ocupar el sillón, el exalcalde de la capital paulista Jõao Doria, tuvo que salir a desmentir ser el protagonista de un vídeo sexual, donde se le veía, supuestamente, en la cama de un hotel con cinco jóvenes desnudas en actitud comprometedora. Doria es la única pieza en pie de la derecha oficialista, la del PSDB (el último en ganar unas elecciones antes que el PT) y que basa su éxito en su apoyo indisimulado a Bolsonaro.

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