Lo que hay tras el caso Huawei

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Damir Sagolj | reuters

La escalada de tensión entre China y EE.UU., paso a paso: Pekín convierte a dos canadienses en sus peones contra Washington  y Canadá, donde está «retenida» en libertad vigilada la hija del fundador de Huawei. La nueva Guerra Fría será tecnológica

13 dic 2018 . Actualizado a las 19:57 h.

Primer movimientoel 1 de diciembre, Wanzhou Meng, hija del fundador de la compañía Huawei y directora financiera del gigante tecnológico chino, es arrestada en Vancouver para ser extraditada a Estados Unidos por, supuestamente, haber violado las sanciones impuestas por Washington contra Irán: está acusada de mentir a la banca sobre el uso de una subsidiaria encubierta para vender a Teherán. Se desata una seria crisis diplomática entre Canadá y China: Pekín amenaza a Ottawa con graves consecuencias en caso de que Meng no sea puesta en libertad de forma inmediata.

Segundo movimiento: diez días más tarde -el martes 11 de diciembre-, China detiene a Michael Kovrig, un exdiplomático canadiense que, en la actualidad, trabaja para el centro de pensamiento International Crisis Group (ICG). Kovrig fue el encargado de organizar hace justo un año el viaje del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, a Pekín que se saldó con acuerdos sobre turismo, lucha conjunta contra el cambio climático e importaciones del país asiático.

Tercer movimiento: EE.UU. se da por aludido. El Departamento de Estado muestra su preocupación por el arresto del canadiense e insta a Pekín a poner fin a «todas las formas de detención arbitraria» en cumplimiento con sus obligaciones a nivel internacional.

Cuarto movimiento: jueves 12 de diciembre. Horas después de la detención del exdiplomático, Meng es puesta en libertad sin pasaporte, con una tobillera de vigilancia y previo pago de 10 millones de dólares canadienses como fianza. Tampoco puede salir de casa entre las 11 de la noche y las seis de la mañana. Así se mantendrá a la espera de ser entregada a Washington. El juez canadiense William Ehrcke estipula que debe acudir de nuevo al juzgado el próximo 9 de febrero. El procedimiento de extradición contempla múltiples apelaciones posibles, por lo que puede extenderse durante varios meses o incluso años. Si fuera declarada culpable, la ejecutiva se enfrentaría a más de 30 años de prisión.

Quinto movimiento: EE.UU. vuelve a hablar tras conocer la decisión del tribunal canadiense. Trum asegura estar dispuesto a intervenir en el caso Huawei si esto beneficiase los intereses nacionales o permitiese cerrar un acuerdo comercial con China. Las autoridades estadounidenses tienen 60 días para presentar en Canadá su petición formal de extradición. En caso de no hacerlo, Meng quedaría en libertad de forma automática.

Sexto movimiento: el mismo día de la puesta en libertad de la directora financiera de Huawei, China confirma el arresto del ciudadano canadiense Michael Kovrig y alega que la ONG para la que trabajaba en el país asiático no estaba registrada. «Podría haber violado la ley de las oenegés extranjeras en China», defiende el Ministerio de Asuntos Exteriores. Una ley aprobada en el 2016 en el parlamento chino obliga a estas entidades sin ánimo de lucro a declarar previamente sus actividades en el país y a llevar a cabo un complejo proceso para registrarse oficialmente. Según ese texto legal, el Ministerio de Seguridad Pública chino puede supervisar las cuentas de las oenegés extranjeras, interrogar a sus trabajadores, cerrar sus oficinas si lo considera necesario y, en caso de encontrar indicios de delito, emprender medidas punitivas contra ellas. El ICG, por su parte, asegura no haber recibido ninguna notificación sobre la detención de Kovrig, experto del noreste asiático que fue diplomático en Pekín, en Hong Kong y en la ONU. Actualmente goza de una licencia no remunerada y carece de estatuto diplomático.

Séptimo movimiento: jueves 13 de diciembre, segundo canadiense declarado desaparecido en China. Canadá expresa públicamente su preocupación por la falta de noticias del ciudadano Michael Spavor. El empresario, que trabaja en la ciudad china de Dandong y lleva a cabo intercambios culturales con Corea del Norte, había avisado de que estaba siendo siendo interrogado por las autoridades del país. Tiene 43 años, es oriundo de Calgary y uno de los pocos occidentales que ha conocido y charlado ampliamente con el líder norcoreano, Kim Jong-un. Licenciado en Relaciones Internacionales, fundador de Paektu Cultural Exchange, empresa con sedes en Londres, Pionyang, Pekín y la ciudad nororiental china de Yanji que organiza, entre otras cosas, viajes turísticos a Corea del Norte y eventos de intercambio con un fuerte acento en la diplomacia deportiva. Tenía previsto volar desde China a Seúl el pasado lunes -tal y como había dejado escrito en sus redes sociales-, pero nunca aterrizó, lo que encendió las alarmas de sus allegados al no poder contactar con él. Su agenda en la capital surcoreana, que visita con frecuencia, incluía asistir el martes a una ponencia de su amigo el abogado francoescocés Michael Hay, que ejerció durante doce años en Pionyang, y cenar con amigos el viernes cerca del céntrico barrio de Insadong.

Octavo movimiento: los medios de comunicación chinos confirman que Spavor está siendo investigado por el Buró de Seguridad Nacional de la ciudad de Dandong, provincia de Liaoning, por su presunta implicación en actividades «que ponen en peligro la seguridad nacional de China». 

Noveno movimiento: China insta a Canadá a alejarse del «hegemonismo» de EE.UU. y a poner en libertad a la ejecutiva de Huawei. El diario estatal chino Global Times publica un editorial en el que considera que el país norteamericano «ha ido demasiado lejos», le pide que tome decisiones «independientes» y «civilizadas». 

Décimo movimiento: China confirma oficialmente que los ciudadanos canadienses Michael Kovrig y Michael Spavor están siendo investigados por su presunta implicación en «actividades que ponen en peligro» la seguridad nacional del país asiático. Los dos casos están todavía bajo investigación y la situación ha sido notificada a la embajada canadiense, según el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores Lu Kang. «Sus legítimos derechos e intereses están siendo salvaguardados».

¿Qué hay tras todos estos movimientos?  EE.UU. y China libran desde la llegada de Trump a la Casa Blanca una silenciosa guerra comercial que a punto está de saltar por los aires. Washington insiste en los aranceles a la importación de productos chinos y a Pekín le quedan pocas alternativas más que depreciar su moneda y ponerse a cerrar tratos con otros países. La tecnología es clave: ambas potencias batallan por la supremacía en este sector. China se esfuerza, además, por mermar su dependencia de la tecnología extranjera, por convertirse en referente internacional en innovación. Y aquí Huawei es ficha valiosa, uno de los mayores fabricantes de dispositivos inteligentes del mundo. El pasado agosto superó a Apple por primera vez en ventas de smartphones.

Poca gracia le hace a EE.UU. el tema, dispuestísimo -lo ha dejado claro ya en más de una ocasión- a contener el creciente poder tecnológico del país asiático para mantenerse en el podio, a lo que se suma el delicado asunto de la ciberseguridad: a Bruselas le preocupa que Pekín pueda acceder a la información de los ciudadanos europeos a través de los dispositivos chinos, como los de Huawei, que se venden en el continente. Así lo advirtió la semana pasada  Andrus Ansip, vicepresidente de la Comisión Europea responsable de Agenda Digital: hay razones para estar «preocupados», las leyes del gigante asiático obligan a las tecnológicas a «cooperar» con las autoridades y los servicios de inteligencia.

De momento, China sigue, sin embargo, a rebufo. Su industria aún depende en gran medida de tecnologías extranjeras y por ahora nada puede hacer sin ellas, especialmente sin las estadounidenses, en la batalla del 5G, futuro motor económico de la sociedad digital.

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